martes, 30 de octubre de 2018

Jurar y perjurar

Generalmente la visión de la mayoría de los hombres y mujeres acerca de Dios es cómoda: si creo en Dios, me salvaré. En la mayoría de las religiones está el cómodo rezo y la cómoda ofrenda. El Dios de la mayor parte de las personas (salvo  honrosas excepciones) es algo así como un cuñado que tiene un puesto alto en el gobierno; nos burlamos de él en las reuniones familiares, cuando no está, pero cuando lo necesitamos realmente lo llamamos por teléfono para que nos consiga un crédito hipotecario o una changuita para un sobrino. Soy atea, por lo tanto no creo en la existencia de Dios, pero me interesan demasiado las cuestiones teológicas para no avisarle a los desprevenidos que, si Dios realmente existe, en realidad nuestra existencia no es demasiado importante para él. El universo es infinito y está en constante expansión. Si Dios existe, para él nosotros somos cómo una célula minúscula, algo que vive un ínfimo instante, cumple su función y luego desaparece. Te lo juro por Dios es una de las frases preferidas de los mentirosos; si Dios existe ese perjurio no importa, porque Dios sabe que están mintiendo. Juro que no volveré a hacerlo, dicen muchos arrepentidos; si Dios existe, en general, se ríe del arrepentimiento, porque sabe que lo volverá a hacer. Dios te va a castigar, imaginan muchos que pueden maldecir a otros, Dios no castiga, porque es Dios. Si no castigó a los nazis cuando gasearon a los judíos en Auschwitz, no castiga a nadie. Dios es el responsable del universo, pero no es responsable de los hombres que supuestamente creen en él. Lo del libre albeldrío, el decidir cada uno su propio destino, es desgraciadamente cierto; cada uno cava, de alguna manera, su propia tumba. Cada persona es su propio cielo y su propio infierno, y a la hora de la muerte irá al lugar que haya elegido ir durante toda su vida. Si una persona eligió siempre ser mala persona, probablemente en vida ya no haya muchas personas que la quieran, que se alejarán de ella, que la rechazarán. Y los que se quedarán con esa persona será por obligación, pero esperando que la carga pesada de soportar a una persona malvada en su vida termine pronto. Y morirá solo; en realidad todos morimos solos, pero esa morirá más sola que nadie, porque durante toda su vida imaginó que la maldad, de alguna manera, le retribuiría algo. Y que jurando por Dios, rezando y pagando para construir una catedral o una sinagoga o una mezquita alcanzaría. Si Dios existe, los sacrificios en dinero o en arrepentimiento o en rezos no son importantes. Si Dios no existe, como yo creo fervientemente desde hace muchos años, son una mascarada. Una forma de creer que se podrá dormir tranquilo de noche después de haber delatado, asesinado o robado a alguien. Mucha gente se ilusiona, a veces, también, después de  conque si no pueden salvarse pueden venderle el alma el diablo. Lamento decírselos; no pueden vendersela. Ya no tienen alma. Hay cierta clase de personas que ni siquiera Lucifer, que es siempre neutral, ni siquiera acepta en el infierno.

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