viernes, 26 de octubre de 2018

Niñas muertas

Hemos asistidos en las últimas dos semanas al espectáculo televisado de dos niñas muertas. No entiendo, en principio, porque los medios exhiben fotos de ellas. Son menores de edad, y aunque estén muertas, siguen siendo menores de edad. Pero quizá esto tenga que ver con la idealización de la infancia y de la adolescencia que se hace permanentemente en la televisión, en la radio, en las redes sociales y en los medios gráficos. Insistimos en hablar de los niños como si realmente pudiéramos hablar por los niños; insistimos en hablar de los adolescentes como si nosotros pudiéramos hablar por ellos. Esa idealización de la infancia y de la adolescencia nos está llevando a la catástrofe. Si somos realmente adultos sabemos que ser niño es, básicamente, terrible y que ser adolescente también. Ser niño es depender de tus padres y si tus padres son gente que se guía básicamente por el principio del placer ¿cómo puede ese niño crecer? Si tu padre es una persona que abandona un trabajo tras otro porque ninguno es lo suficiente bueno ¿cómo el hijo no va a hacer un capricho en una juguetería por un Max Steel de 2000 pesos? Si tu madre es una persona que participa en un grupo de Wasapp de madres de la escuela para burlarse de otras madres y de la maestra ¿cómo se pretende que el hijo quiera aprender a leer y a hacer cuentas? Hemos abandonado totalmente el rol materno y paterno en estos días; nuestros hijos están ahí, son cosas que crecen, les compramos los celulares más caros para que no  nos molesten, les damos dinero a mansalva los fines de semana para que "la pasen bien", si terminan la secundaria bien y si no, que se le va a hacer. Y después cuando aparece un adolescente o una adolescente muerta, un niño o una niña muerta hacemos un escándalo. Este mundo, decimos. Esta sociedad, decimos. La sociedad somos nosotros. Los padres de esos chicos que mueren no se sabe muy bien por qué somos nosotros. Nuestros hijos no son monitos que nos agradan mientras juegan pero a los que después, cuando crecen y empiezan a cuestionarnos, dejamos de criar porque con estos chicos no se puede, porque mirá la junta que tienen, porque mirá la música que escuchan. Si tenés hijos, tenés que criarlos y criarlos bien. Tratar de no exponerlos tanto en las redes sociales, donde hay mucho loco suelto. Mandarlos a la escuela, y escuchar lo que dice la maestra, que lo observa desde afuera, y ve cosas que uno no ve. Intentar que sean respetuosos, que en lo posible no sean violentos, que nunca naturalizen las cosas peligrosas, como la droga, la prostitución, el robo. El problema es que a nosotros nos cuesta mucho no naturalizar la droga, la prostitución, el robo. Cuando uno escucha la frase "A los putos hay que matarlos a todos", o "A los de la Cámpora hay que matarlos a todos, yo inevitablemente pienso: ¿Y esta gente tiene hijos? ¿Qué tipo de educación le puede dar? Ninguna, obviamente, porque para una persona que piensa así un hijo no es un hijo: es un clon. Muchas veces he visto padres y madres que usan la humillación y la negación para criar a sus hijos. A un hijo no se lo humilla nunca y jamás se lo niega: si no lo querés, si después de haberlo tenido te diste cuenta de que en realidad lo que querías era una mascota, comprate un perrito caniche y dejá a tu hijo en algún orfanato. Que lo críe el estado, del que seguramente te vas a quejar. Por lo menos, estarás impidiendo que el día de mañana tu hijo o hija sean una mala persona.

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