Es muy cómodo decirse apolítico. Es la postura política preferida de muchos argentinos: yo, a los políticos esos no los paso, y mirá Alfonsín y mirá Menem y mirá el Congreso. La Yegua de Cristina y los K y Macri Gato, y los zurditos esos en trapo rojo. Yo, argentino. Pero que no me toquen el dólar, ni la casita de countrie o la casita en Ramos Mejía, y que el chico que me lava el autito me lo lave bien por veinte pesos y que a la mucama ni se le ocurra quedarse embarazada porque la despido, quién se cree que es, yo no voy a mantener vagos. Lamento decirles que no son apolíticos: son cómodos. Así nos va como nos va. Elegimos malos gobiernos basados en campañas políticas paupérrimas, basadas más en el odio a las otras personas que en el bien común. Un desastre. Después, cuando no hay trabajo y crecen los robos a mano armada, los secuestros, el narcotráfico y los asesinatos nos quejamos de la imseguridad. Si vos cuando votaste pensaste votando en vos mismo, no te quejés. La idea de la democracia es la idea de un estado fuerte, no un Gran Hermano, sino un estado fuerte donde la justicia, el congreso, los ministerios y el poder ejecutivo funcionen. Y funcionen correctamente: que los jueces sean imparciales y capacitados, que los diputados y los senadores presenten buenos proyectos de ley, que se discuta correctamente, que los ministros sepan de cada tema y de que el presidente haga, en lo posible, un buen mandato.
Un ejemplo claro de esta desidia a la hora de ser ciudadano es la estigmatización que se hace sobre las personas que cobran la asignación universal por hijo. Es una medida política excelente: es una medida que garantiza el futuro de nuestro país, en gran parte. Obviamente, tiene que estar acompañada de un gran gasto en educación y en salud, que, mal que les pese a muchos foristas de Twitter y de Facebook, son en lo que más tiene que gastar el estado, si queremos algún día ser algo más que un país tercermundista (porque Argentina, por más abuelos españoles, alemanes, rusos e ingleses que tengamos y por más que el champagne francés esté re barato, es un país tercermundista). Una medida que asegura que la gente más pobre tenga asegurado un plato de comida, y que los obliga a vacunar a sus hijos y a enviarlos a las escuelas. Así se garantiza que un país salga adelante. No digo que toda la gente pobre sea buena: hay gente pobre buena y hay gente pobre mala, como hay gente rica buena y hay gente rica mala. Pero a los chicos, de los que tanto nos llenamos la boca para defenderlos cuando son los nuestros y a los que volvemos invisibles cuando son pobres, hay que protegerlos. Vacunarlos y escolarizarlos es un paso gigantesco. Y tienen que estar vacunados, con todas las vacunas necesarias, para que no se mueran de enfermedades evitables, y tienen que ir a la escuela, porque así el día de mañana irán a la secundaria y así puedan llegar a ser médicos cardiólogos o técnicos electricistas, no pibes chorros que matan a tus hijos por un celular Samsung. Y tienen que comer todos los días, buena comida, no restos o sobras de Mc Donalds. Si no, volvamos a la época de las cavernas; eso sí, querido argentino apolítico: desprendete de tu celular Samsung, de tu cocina a gas, de tu heladera, de tu título secundario o universitario, de tu cartera de cuero y de tu ropa de marca, porque todas esas son gracias a la civilización. Y la base de la civilización es la política, que a vos aparentemente te molesta tanto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario