miércoles, 24 de octubre de 2018

Carolina Fal

Actuó en una de las películas emblemáticas de los 90, "El caso Maria Soledad" y hacía una villana genial en "La Banda del Golden Rocket". Después no la ví mucho más en televisión ni en cine, pero me sigue pareciendo una de las mejores actrices argentinas. Recuerdo que discutí con mis compañeros de 3° año de secundario a causa de ella; a mí me parecía muy linda, ellos me decían que era horrible. Yo, indudablemente, tenía razón: Carolina Fal era y sigue siendo muy linda, pero su personaje en "La Banda del Golden Rocket" era tan malo que mis compañeros de curso estaban convencidos de que era un monstruo. Eso es ser una buena actriz: poder ser Medea o Marilyn Monroe o Viola. Es una lástima que no haya más ficción nacional en la televisión abierta y que lo único que se plantee como espectáculo audiovisual para el público más mayor (el que por cuestiones tecnológicas no puede acceder a Netflix ni a Untref) sean repetitivos programas de panelistas y envasados de otros países (sin contar que muchas veces esos programas de panelistas traspasan totalmente los límites de lo que se puede hablar en los horarios de protección al menor). En Argentina tenemos grandes actores, grandes directores y grandes guionistas; no es tan caro hacer buena ficción hoy en día y la buena ficción se vende a otros países. Los canales de aire parecen desesperados por el rating: hoy en día el rating ya no existe. Peter Capusotto y Hola, soy Germán, son buena prueba de ello. Dentro de diez años los canales de aire, si siguen así, van a tener que cerrar, porque la generación que se crió con el televisor y la radio y el diario cómo última verdad revelada va a desaparecer. Nosotros fuimos bastante escépticos; nuestros hijos directamente ni los oyen. Para ellos parte de su mundo es virtual, y en ese mundo virtual saben diferenciar al adulto que les dice cualquier barbaridad con tono de mono sabio y al que, por lo menos, para un poco la oreja y escucha lo que están diciendo. Realmente, dejemos de decir "Los jóvenes de hoy en día" cómo en la canción de Les Luthiers, sonamos patéticos. No son como nosotros, eso es definitivamente cierto, pero ninguno de nosotros erámos ejemplares a esa edad y muchos no lo seguimos siendo ahora.

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