lunes, 8 de octubre de 2018
Clint Eastwood
Cualquier cosa, menos aburrir, dice Clint Eastwood. Es uno de los grandes directores del cine actual, lo cuál fue una sorpresa para muchos porque era Harry el Sucio en los 70. Pero sin Los Imperdonables, el género western hubiera muerto para siempre con John Ford. Es una película trágica, seca, terrible; no hay héroes en Los Imperdonables, cómo no hay casi héroes en las guerras de verdad (menos aún en las actuales). Morgan Freeman como el amigo del protagonista y Gene Hackman cómo el villano acomodaticio no tienen precio. Se puede decir que el western es un género machista, pero en Los Imperdonables las que mueven los hilos detrás de la masacre son las mujeres, esas prostitutas cansadas de todo que juntan dinero para pagarles a los asesinos a sueldo. En Mystic River, otra gran película, hay también una familia, y una hija muerta y secretos guardados, y la gran actuación de Tim Robbins y la de Laura Linney, que es una madre y esposa a quién le alcanza con la venganza, aunque el que muera no sea el correcto. Un asesinato, dice el director Clint Eastwood, salta todo por los aires, todas nuestras ideas de ética y de moral se rasguñan y se destrozan y al final somos solo animales que desean una reparación que nunca llegará, porque ni siquiera la venganza más cruel repara una muerte. Eso nos hace pensar el viejo Harry el Sucio.
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