Una vez, en una despedida de año, nos pusimos a charlar con Pablo Pluss (saludo , genio de la informática) y Marcela Coria, gran y sufrida secretaria de la Escuela de Letras sobre las mujeres, y ella dijo una gran verdad: en cuestiones sentimentales, los hombres eligen para mejor y las mujeres elegimos para peor. Es el síndrome de Madame Bovary y es una lástima que las mujeres no lean esa novela y las que la lean intenten protagonizarla. El síndrome empieza viendo novelas a las tres de la tarde; la mucama buena que enamora al muchacho también bueno de la casa, pero esta la madrastra malvada e inevitablemente la novia también malvada del muchacho bueno, que es rico pero bueno, ojo, y salteándose todas la lucha de clases, la mucama se termina casando con el muchacho rico pero bueno. Como la novela termina ahí, nunca se sabe si la mucama después de casada sigue limpiando la casa, pero gratis. Ese es otro problema, más grave quizás, pero bueno, qué se le va hacer. Dadas como están las cosas hoy en día por ahí los dos se van a vivir a un monoambiente que no será muy confortable pero se limpia en dos patadas. Y después de ver tantas telenovelas con nuestras abuelas, tías abuelas, tías y madres durante toda nuestra infancia, las mujeres salimos al mundo con el chip codificado: nos tenemos que casar con Juan Darthes. Pero no con Juan Darthes de verdad; el de la novela, el que es re bueno y ayuda a todo el mundo y tiene un montón de guita y lo único malo es el padre que es un hombre corrupto y la madrastra que es una perra. Lamento informarles a las mujeres que ese Juan Darthes no existe. Juan Darthes es un actor, tiene hijos, problemas como todo el mundo, a veces le duelen los callos. Es triste, pero es la durísima verdad.
Lo malo del Madame Bovarismo es que las mujeres terminamos depositando nuestras vidas en la vida de los hombres. Lo cuál es un desastre. Y un desastre que a veces termina destruyendo no sólo nuestras vidas, que son importantes, sino las vidas de nuestra familia. Peor aún si tenemos hijos. A mi no me gusta dar nombres personales, pero la pelea de Barbie Velez con Federico Bal hace un par de años me pareció prueba viviente de lo que estoy diciendo. Eran dos chicos jóvenes, de novios. Por ahí a Federico Bal le gustaba otra chica. Puede pasar. Ahora, hacer de eso un dramón medieval y televisado, donde se meten las dos suegras y los dos suegros, los amigos de un lado y del otro lado, las concuñadas y los panelistas que opinan porque para eso le pagan, ya me parece demasiado. He visto historias más interesantes en una discoteca; es más, en una discoteca una vez me puse a charlar con un chico sobre el cuento "Los teólogos" de Borges, que es mucho más interesante que el asunto Barbie Velez y Federico Bal. Después mi madre y mi tía me preguntan porque todavía sigo soltera. Yo entiendo que el chismerío sea interesante y a mí me encanta leer la revista Pronto. Pero una cosa es el chime y otra la naturalización de los celos enfermizos. Othello, por más que sea un gran personaje, protagoniza una tragedia. Madame Bovary también es una tragedia. La vida real es un poco trágica, a veces, pero por suerte a veces no. No estamos en un teatro. Estamos en la vida.
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