jueves, 25 de octubre de 2018
El presupuesto nacional 2019
Los seres humanos tendemos a creer ciegamente en la palabra escrita; creemos en los contratos comerciales, creemos en las leyes civiles, creemos en los planes de estudio de las carreras. Y, es cierto, la palabra escrita supuestamente garantiza que algo pase, pero después viene la dura realidad. Es muy lindo leer en un programa de estudios, por ejemplo, de Literatura Argentina II, que uno va a aprender todo o casi todo sobre la literatura argentina del siglo XX, pero después hay que leerse a los teóricos y críticos, a Noe Jitrik y a Adolfo Prieto y a las discusiones entre Cesar Aira y Ricardo Piglia y afuera el día está soleado. La verdad, da más para tomarse unos mates en la terraza. Lo mismo pasa con los presupuestos nacionales: son una carta de buenas intenciones en general, o, cómo el de este año, una carta de ajustarse el bolsillo al mango. Lástima que se murió Alvaro Alsogaray, sino podríamos ponerlo en la tele a decirnos hay que pasar la primavera, el verano, el otoño, el invierno y de vuelta en la primavera estaremos comiendo restos de pan duro porque los argentinos somos malos y derrochones y nos gusta el vino y el choripán. Lo que quiero decir es que un presupuesto nunca es una cosa real y concreta; como un programa de estudios nunca es una cosa tan real y tan concreta. Si uno quiere saber realmente de la literatura argentina del siglo XX y del siglo XXI puede leer los libros que le gustan en la terraza de su casa, tomando mates. Hasta puede saber también de la literatura europea y china con ese método tan poco académico. Hay que pensar dos cosas con respecto al presupuesto: primero que nada, el año que viene hay elecciones, lo que no es menor; después, que la economía, que es la base de cualquier presupuesto, es una de las ciencias humanas más complicadas de la historia universal. Hay gente que vive en lugares remotos del trueque, todavía; hay gente en mi ciudad que ante la falta de trabajo y de dinero ha vuelto al trueque, cocinan tortas fritas o hacen souvenires y los cambian por ropa para sus hijos. Entonces, un presupuesto, aún el más generoso, aún el más restrictivo, es básicamente una carta de buenas intenciones que inevitablemente se topa con la realidad y la realidad es siempre muy compleja: mucho más compleja que el programa de Literatura Argentina II, por cierto. Entonces, dejemos de hacer tremendismo: que el presupuesto se vote y, si sale aprobado no digamos que Argentina se va a hundir en el pozo de las desgracias humanas. Es un presupuesto solamente; algo que quizás pueda aplicarse y quizás no, y además, con las elecciones del año que viene, quizás cambie la propuesta política del ejecutivo argentino. Es claro que lo que nos gobiernan tienen como horizonte económico el neoliberalismo de la escuela de Chicago; lo que francamente me preocupa es que no sean tan liberales con las libertades civiles de las personas, con su derecho a opinar distinto a otros, a manifestarse, a tener una identidad sexual o de género distinta o a las mujeres a unirse como un colectivo y pedir Ni una menos, y decir que eso es feminazismo. Las posturas ultraconservadoras de mucha gente de este gobierno ante la gente que reclama ser respetada por pensar y actuar diferente me parece gravísimo; porque si uno es liberal en economía, tiene que serlo también en su casa, en la calle y respetar a los otros. Sino el liberalismo es puro verso.
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