sábado, 27 de octubre de 2018
Spike Lee
Me encanta el cine de Spike Lee, porque es político en el mejor sentido de la palabra. El problema de la lectura que hacen los críticos de sus películas es que se encandilan con el tono de piel del director y se les escapa algo que está a la vista: Spike Lee generalmente tiene razón. En Jungle Fever lo aparentemente escandaloso era la relación entre una mujer blanca y un hombre negro. Eran los 90 ya y eso no era ningún escándalo ya. La matriz de Jungle Fever es el hombre devorado por el crack, esa droga que destruye a una persona saludable en menos de dos años. La tragedia de Jungle Fever es esa; el hombre termina siendo asesinado por su padre. Y la visión que se sigue teniendo de los africanos es esa: como son de piel negra, son una raza peligrosa y primitiva. Tendrían que explicarnos los apologistas de la piel blanca porque Hitler era blanco o porque Charles Manson era blanco. En Norteamérica o acá o en Brasil, cuando un asesino es de piel negra es un monstruo a causa de su "raza"; cuando el asesino es de piel blanca es un monstruo a pesar de su "raza". Lo cual no solo es una barbarie sino que además es falso: la gente que realmente se dedica a estudiar el comportamiento de los asesinos en serie sabe que, generalmente, son hombres y de raza caucásica. Son aparentemente personas comunes, que parecen vecinos normales: no desentonan en ningún lado. Por eso me gusta Spike Lee: pone en juego nuestro propio concepto de "normalidad". Un país que acepta que el crack, el Oxicodon y la heroína destruya a las personas que viven allí, es cualquier cosa, menos un país normal. Los centros de rehabilitación parecen geniales, es cierto, pero en principio en un país normal la gente no necesitaría drogarse para vivir. Un país que jerarquiza a las personas en base a su color de piel no es un país normal, no es una democracia: es cierto que puede haber leyes que lo impiden, pero sutilmente los medios masivos de comunicación y muchos políticos aprovechan el odio que subyace en muchas personas para que parezca normal que veamos a las personas diferentes como enemigos y no como iguales.
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