viernes, 12 de octubre de 2018

Una muerte

Fué raro, como si soplara un ángel, pero todos sabíamos esa noche que ángel soplaba. Cuando terminamos la botella de ginebra (no recuerdo si era Bols, aunque casi seguro) y Luca empezó a quedarse dormido, los ocho nos quedamos callados. No eran sus borracheras las que nos preocupaban, ni la ya casi constante costumbre de olvidar los las letras de las canciones; era que cada vez era menos una persona y más un fantasma, un espectral recuerdo. Ya empezaba la nostalgia. En ese momento Luca despertó y pidió un cigarrillo (en esa época se podía fumar en cualquier parte). Se lo dimos y el flaco y yo también agarramos uno. El pelado sacó una caja de fósforos del bolsillo de la camisa, encendió nuestros cigarrillos y el de él con el mismo fósforo. Creo que sonrió. Nos dijo; hay una leyenda de trincheras que dice que si un hombre enciende tres cigarrillos con el mismo fósforo se muere. No supimos bien que responderle. Se quedó callado un rato más, después se levantó y una de sus amigas lo abrazó para ayudarlo a llegar a su departamento. Nos quedamos solos, mirando el vacío de la discoteca; ya sabíamos que íbamos a encontrar a la mañana cuando fuéramos a despertarlo y él no respondiera el timbre.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario