viernes, 5 de octubre de 2018

Varennes

Sé que me llamaban perra y que me detestaban, incluso en la Corte. Fuí criada para ser princesa y reina, allí en Austria, en un gigantesco palacio donde un solo jarrón vale más que trescientos kilos de pan. Los pobres protestaban y nosotros oíamos su odio desde los hermosos jardines de Versailles, pero éramos reyes ¿cierto? Somos reyes. Ahora los burgueses y los pobres dicen que los hemos traicionado, pero ellos en realidad nos han traicionado a nosotros. ¿No han nacido los pobres para ser pobres? ¿No es ese el equilibrio del mundo? No entiendo porque nos odian. Admito que quizá no he sido una reina caritativa, ni siquiera he podido ser sabia como otras, que se carteaban con filósofos y escritores. Oh, adonde ha quedado mi rica frivolidad. Ahora estoy vestida con ropas del común y mis hijos duermen. Si nos atrapan...¿Se atreverán a matar a una reina? Probablemente sí. Lo único seguro es que nos odian con toda su alma. Espero escapar y  llegar a territorio seguro, a mi hogar donde los palafreneros y las doncellas aún son serviles. Si me matan, ya no habrá más reinas en este mundo y las que haya serán irremediablemente desgraciadas. Para no serlo yo del todo, en esta noche en Varennes, debajo de la manga de mi vestido de mujer de comerciante (odio su tejido basto y su olor a salitre de arenque) me he puesto una pulsera de oro con nuestro emblema. Espero que nadie se de cuenta.

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