lunes, 22 de octubre de 2018
Vacas sagradas
Voy a ser muy dura con monstruos sagrados argentinos: Juan Gelman, Rodolfo Walsh, Paco Urondo, Haroldo Conti, Julio Cortázar, Horacio González. Son buenos o grandes escritores argentinos, pero la canonización de Walsh, de Paco Urondo y de Haroldo Conti como mártires por haber sido desaparecidos o masacrados durante la dictadura militar es una de las estupideces mas grandes de nuestro canon literario. Todos ellos (todos ellos) eran adultos en el momento en que Montoneros, ERP, las Far, las Fal, los Tacuara y etc. empezaron a poner bombas en supermercados, asesinar soldados para conseguir armas y secuestrar empresarios para financiar a la guerrilla. Se entusiasmaron con la juventud, se enamoraron de la juventud; les pareció maravilloso algo que inevitablemente terminó llevando a nuestro país al desastre. No se dieron cuenta nunca de que esa juventud era en su mayoría pura clase media espumosa, que se dedicaba a la guerrilla como podía dedicarse al opio o a pintar cuadros surrealistas. Lo de Rodolfo Walsh siempre me pareció lo peor de todo; escribió primero de todo Operación Masacre, un buen libro de investigación. Después siguió con El caso Stanovsky, con Quién mató a Rosendo. Perdón que me meta con una de las vacas sagradas de Argentina; pero las conclusiones en mucho de esos libros parece ser que los políticos y sindicalistas que no actúan sino bajo una idea policial de la política son burocráticos y tibios y traidores. Una barbaridad desde todo punto de vista. Y los niños de clase media entusiasmados y enamorados del Che Guevara, tomaron las armas para no quedar out, ¿vistes? Y mataron a Aramburu, y después mataron a Rucci e inventaron una consigna tan hermosa como "Cinco por uno no quedará ninguno". Y después obviamente andaban con el revolver en la cintura y la pastilla de cianuro en el bolsillo ¿quién les iba a dar refugio? La consigna "Bajar a las bases, proletarizarse" es de lumpen de clase media, de nene que va a la Facultad de Filosofía y Letras y está en el PO y nunca en su vida pisó una villa miseria, y obviamente piensa que todos los que allí viven son santos porque son pobres. Se vio muy claro en el debate sobre el aborto legal: las chicas de clase media defendiendo su derecho a abortar con misoprostol como si fuera una especie de épica feminista -en realidad no usaste profiláctico o te olvidaste de tomar la pastilla anticonceptiva o te falló el DIU- y la gente que realmente vive en las villas diciendo "Mirá, yo no quiero que mi hija quede embarazada a los dieciséis como yo y vaya a un hospital a abortar, por más gratis que sea. Quiero que mi hija sea una persona como esa chica de clase media, que termine el secundario, que vaya a la universidad, que se reciba y que si quiere tener hijos lo haga porque quiere, no porque quedó embarazada a los diecisés, porque yo sé que eso significa que va a tener que sacrificar su futuro porque eso me pasó a mí." Ni Paco Urondo, ni Juan Gelman, ni Haroldo Conti, que aparentemente eran grandes humanistas, hicieron nada para parar a esa juventud delirante y totalitaria. La glorificaron, la siguieron. Sus hijos eran héroes que caían. ¿Que tipo de padre quiere que su hijo se muera? Propusieron el suicidio de una generación como una gesta heroica, y me voy a detener especialmente en Walsh porque siempre me pareció el peor de todos: su glorificación del suicidio generoso de su hija es una canallada. Si mi hijo se suicida yo me voy a sentir una porquería de persona. Inevitablemente. María Victoria Walsh no se suicidó porque era una persona buena y generosa; se suicidó porque no quería vivir, no quería aceptar la derrota, no quería aceptar que Montoneros desde el principio fué un capricho de chicos de la Acción Católica, no un partido político real. Porque cuando volvió Perón, con el que tanto insistían, quisieron seguir jugando a la toma del palacio de Invierno. Una bestialidad. Y lo peor de todo es que nadie (nadie) los paró. Nadie dijo, chicos, miren, dejénse de joder, vayanse a tomar una cerveza a un bar, estudien algo, sean médicos o dediquense al budismo, ya Perón volvió, con Isabelita y Lopez Rega, sí, pero bueno, algo es algo. En un par de años el viejo se muere y volvemos a votar. Ya está. No. La maravillosa juventud de los años 70 era maravillosa porque era maravillosa. Así les fue. Terminaron muertos o desaparecidos o exiliados. Y cuando volvieron del exilio (los que volvieron del exilio) quisieron explicarles a los que se habían quedado que eran gente excelente y que los militares eran malísimos. Y que todos los que se habían quedado en el pais durante la dictadura eran traidores a la gran causa revolucionaria y cómplices de los milicos. De vuelta eran tibios. Tendrían que haberse dejado de joder ahí. Desaparecieron probablemente 30000 personas, el país fué un desastre, estuvo la guerra de Malvinas, cayó el gobierno y vos volvés de Mexico o de Suecia, donde segurito no la pasaste tan mal y ¿sos un mártir revolucionario? Te hubiera quedado acá, de última, te hubiera proletarizado de en serio, te hubieras buscado un trabajito en un super o en una metalúrgica. Pero no. Yo sufrí mucho la dictadura en Suecia y escribo un libro testimonial de mis gloriosos años 70. Y en los 90 viene Menem y viste el Turco que hijo de puta, anda con todas las minas, no sabe hablar, que vergüenza pero bien que lo votamos porque Brasil está barato. Y después votamos a De La Rua y nos burlamos de él porque es medio lento para hablar y ¿sabés qué? somos unos vivos bárbaros. Le pedimos plata al FMI por centicuagésima vez en treinta años. Y se vota la reforma laboral y no se sabe bien cómo se vota, pero se vota igual, pero vos sabés bien cómo es este país, acá al que se duerme lo velan. Y en un momento dado el FMI no nos presta más guita y no hay con qué pagar los sueldos, y hay que confiscar los ahorros en dólares atesorados. Uy, que lío ¿no? Que malos que son los políticos y los economistas. Y ahí explota todo, muere gente en Plaza de Mayo y en mi ciudad, pero después de dos o tres meses lo único que importa es si nos van a devolver los dólares o no. Que dilema moral. Parece que no nos devuelven los dólares. Entonces no sabemos si volver a votar al Turco (que lindo, volver a Brasil barato) o votarlo a un tal Kirchner que no lo conoce nadie. Y por default termina ganando Kirchner, con el cuál estamos bien un rato pero jode mucho con eso de los derechos humanos y después votamos a Cristina Fernández pero bien que nos reímos de ella cuando en Showmatch la imitan (by the way, lo único que el mejor imitador de Showmatch puede imitar de Cristina son las extensiones y la forma de hablar; Cristina diciendole al billete de $500 "yaguarete mimoso" es mucha mejor humorista que Tinelli) y después como jode mucho con eso de Futbol para Todos y las netbooks para todos los alumnos del secundario lo votamos a Macri porque es de Boca y hace chistes de fútbol. Y ahora por ahí lo votamos a Tinelli o sino por ahí a Mario Pergolini; la diferencia sería exactamente que con Tinelli tendríamos de ministras a Florencia Peña y a Pampita y con Mario Pergolini a la Negra Vernaci y a Eduardo de la Puente. O sea, gente que no tiene la más mínima idea de política; que se guía por la cara de la persona, que nunca jamás en su vida militó, ni abrió un libro de economía, ni de filosofía política, y que en el fondo lo que le interesa es que su quintita esté bien cuidada. Todo bien, todo bien con todo el mundo, pero que no me aumenten el dólar porque no puedo traer a Myke Tyson o no puedo hacer el festival de Lollapalloza. Y acá no estoy hablando contra Marcelo Tinelli ni contra Mario Pergolini: pero la insistencia argentina en entronizar a Marcelo Tinelli, cuyo mayor mérito es hacer que dos mujeres se agarren de las mechas en cámara, o a Mario Pergolini, que después de treinta y cinco años en la radio sigue teniendo la peor dicción del inglés de la historia argentina e insiste en decir que odia a los franceses porque no entiende el frances (me imagino que en Francia deben estar considerando cambiar el idioma nacional) es una muestra de lo paupérrimo que es nuestro pensamiento político. Tenemos que empezar a pensarnos como país, no como nenitos rebeldes que son del PO y escuchan Los Redondos porque el papito y la mamita (que todavía te pasan plata los fines de semana) son unos burgueses que viven en una casa de dos plantas y yo quiero ser diferente a ellos. Si tenés más de dieciocho años, ya no sos más un adolescente. Ya votás. Ya podés ir preso si robás o matás a alguien. Estudiá algo, trabajá en algo, hace algo de tu vida. El dolar va a seguir subiendo.
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