viernes, 31 de mayo de 2019

Cosplays y otros disfraces.

He ido muchas veces a eventos de historietas y fantasy. Está lleno de cosplayers. Hay algunos participantes a los que el cosplay le sale mas o menos, a otros les sale bien, a otros les sale excelente. No es una actividad restringida a una edad en particular: hay adolescentes, pero también he visto gente de mi edad con sus hijos, la familia entera haciendo cosplay: es decir, disfrazados, como sus personajes favoritos. Como  las convenciones de historieta y fantasy están hechas para que los fanáticos del animé, las historietas, las películas de clase B y el fantasy se reúnan, nadie juzga a los cosplayers, salvo por si su disfraz está más o menos logrado. Inclusive, muchos medios cada vez que hay una convención de historietas hacen notas de color sobre los cosplayers.
Hasta hace tres semanas, la mayor parte de los argentinos de mi edad  o mayores no sabía de la existencia del cosplay -excepto si sus hijos eran cosplayers. Ahora los medios en masa están descubriendo que el cosplay existe porque el hijo de uno de los candidatos a presidente es un cosplayer. Sacan notas revelando este hecho, como si fuera relevante. ¿Si el hijo de Alberto Fernandez fuera fanático de Racing y usara la camiseta de Racing todos los días sacarían notas sobre eso? Probablemente no. El cosplay es un movimiento artístico muy importante dentro de la juventud; no hay nada sorprendente en que un chico de veinte años haya decidido ser cosplayer. Y que un chico o una chica de veinte años ame los personajes de Pokemon, de League of Legends, de World of Warcraft, de Caballeros del Zodíaco, de los  Power Rangers es menos raro todavía porque crecieron con esos dibujitos y esos juegos on line. A Alberto Fernandez, si no nos gusta como candidato, podemos, no sé, no votarlo. Ahora, plantear que un chico joven que hace cosplay es algo así como un  el resultado de una mala crianza y el acabose de la moral argentina, es el colmo de la falta de respeto: me pregunto si las personas que opinan eso tan libremente en las redes sociales se animaría a hacer una marcha en la puerta de una Comic Con exigiendo el fin del cosplay. Casi seguro que no, y además saben que aunque la hicieran, tanto los cosplayers como la gente que paga la entrada para  entrar a una convención de historietas no les haríamos caso.

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