domingo, 19 de mayo de 2019

Escasa ficcion y mucha no ficción

Hace dos años se comenzó a dar una telecomedia destinada a los chicos llamada Fanny la Fan. No tuvo mucho rating y a las pocas semanas la levantaron. A nadie lo sorprendió. A nadie lo sorprendió porque es lo que se viene haciendo desde hace veinte años o más: se pone una ficción al aire, se prueba si tiene "rating", a veces solamente un programa. Si no funciona se lo levanta. Aún las ficciones que funcionan bien (la última que seguí por teve abierta fue Educando a Nina) son programadas de una manera que parece faltarle el respeto al televidente: empiezan a una hora y un mes después empiezan más tarde. Se ponen demasiados cortes comerciales indiscriminadamente. Por eso concretamente no sigo ficción televisiva en TV abierta: es casi imposible seguir una telenovela, un programa para chicos, una miniserie para adultos; además los autores de novelas y de ficción desaparecieron reemplazados por equipos de guionistas y eso se nota. Se nota sobre todo para el televidente: los personajes aparecen y desaparecen según si levantan el rating o lo derrumban. No es la idea de una ficción. A la buena ficción no le interesa demasiado el rating; por eso es buena ficción. Si uno ve Ozark, en Netflix, uno ve Ozark para disfrutar la historia y las actuaciones; y además no tiene cortes publicitarios. No digo que la televisión argentina se vuelva una dama de caridad y no venga propaganda: digo que la buena historia, la que engancha al televidente realmente existe previamente al rating y que, sin una buena historia, no tiene mucho sentido sentarse a ver una pantalla de televisión. Lo otro que ocurre es que desde hace treinta años la televisión argentina ha ido haciéndose cada vez más paupérrima. Antes los programas de chimentos eran pocos, los periodistas de espectáculos eran personas con cierta noción de hasta donde podían hablar y hasta donde no, los periodistas deportivos eran personas que hablaban de deportes, los periodistas políticos hablaban de política, y los periodistas policiales hablaban de casos policiales. Pero lentamente todo terminó mezclándose y hoy en día es difícil encontrar un programa en la teve abierta donde no se hable acerca de todo. Y cuando digo todo quiero decir todo. Y todo el que opina en ese programa opina acerca de todo. Sea modelo, actor, conductor, médico, abogado o exfutbolista. Obviamente, los programas son muy malos; pero los televidentes argentinos ya nos hemos acostumbrado a que la televisión argentina es muy mala y sabemos que si queremos ver televisión de calidad tenemos que poner el canal Encuentro, Film & Arts, Axn, Fox, HBO, Cinemax o Europa Europa. Nadie que quiera ver ficción de calidad prende la televisión argentina, porque incluso cuando la hacen, la hacen a cuentagotas y como diciéndonos valoren el esfuerzo de que hacemos esta gran producción, la ponemos a las diez y media de la noche. Miren que suerte que tienen que nuestro canal piensa en ustedes, parece decirnos. El resto del día, ya sabemos lo que hay: programas sobre todo. Si hay una declaración política de Anibal Fernandez a todo el mundo se le va a preguntar acerca de esa declaración política, y todo el mundo va a contestar; si hay un escándalo con Florencia Peña, todos los periodistas, los panelistas y los entrevistados van a opinar acerca de la vida de Florencia Peña; si pierde Velez por goleada y el árbitro no cobró un penal, al otro día todo el mundo es experto en fútbol y en arbitraje y opinarán acerca del arbitro, aún no siendo hinchas de Velez Sarfield. Hace treinta años las personas eran famosas por si mismas: Juan Alberto Badía era famoso porque hacía un programa de televisión los domingos, Alberto Migré era famoso porque escribía telenovelas. Ahora la gente es famosa en la televisión porque es el primo del concuñado de la exnovia de alguien que fue famoso. Hay personas que se han hecho famosas por ser fans de otras personas y salir en la tele gritando sus nombres; hay personas que se han hecho famosas por pelearse con otras personas en Twitter. Todas ellas salen en televisión. Todas ellas opinan sobre todo. Todas ellas, claro, saben muy poco sobre algo en concreto porque es posible ser periodista de chimentos, periodista de policiales, o periodista de política, si uno estudia, trabaja y se prepara; lo que es imposible es ser especialista a la vez en arbitraje de futbol, la vida de Florencia Peña y el pensamiento político de Anibal Fernandez. Pero la famosocracia argentina televisiva es así, se prenden las cámaras, todos sonreímos y le damos para adelante. Bueno, también generalmente, así sale.

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