martes, 14 de mayo de 2019

La roja Habana y los libros.

Una Feria de Libros es un negocio cultural y es natural que así suceda. A pesar de que muchas veces muchos artistas digan que el "arte no se vende" y que despotriquen sobre los circuitos comerciales de editoriales, librerías y Ferias del Libro, la verdad es que yo sí no compro libros -o al menos no los saco de una biblioteca, que tiene que comprarlos- no puedo leer. Leo que se está cuestionando a los organizadores del libro porque su ciudad invitada de este año es Barcelona y lo refieren al conflicto político actual del independentismo catalán y más aún, se está cuestionando que el año que viene la ciudad invitada va a ser La Habana y no entiendo bien por qué. ¿Imaginan que una persona si lee a Alejo Carpentier o a José Lezama Lima va a decidir afiliarse a la Federación Comunista? La principal queja de muchos periodistas culturales y de muchos especialistas en educación es que "la gente" no lee. No sé porque imaginan que los libros publicados en Cuba son más "revolucionarios" que las malas traduciones de libros norteamericanos e ingleses que nos envían desde España. Si sos un periodista cultural, al menos disimulá un poco de seriedad. No preguntes con tono inquisidor porque el año que viene va a estar invitada la ciudad de La Habana y si hay una intriga política detrás de ello, porque hay escritores y poetas en La Habana prácticamente desde que Colón llegó allí. Mucho antes de que Fidel Castro y el Che Guevara nacieran. Y si desconocés que tanto José Lezama Lima, Alejo Carpentier como José Martí son de los más exquisitos escritores de la lengua castellana, usando palabras que obligan cada dos minutos a utilizar un diccionario, por lo menos poné cara de piedra y no preguntes tonterías con tono inquisidor. En la Feria del Libro hay tanta variedad de libros como en toda librería grande. Es un hecho cultural, un negocio y, claro, se venden libros sobre política. También se venden libros de poesía y ciencia ficción o ficción histórica. Ser periodista cultural es una especialidad en sí misma: quizás se puede chicanear en las preguntas (a todo periodista le está permitido una cierta dosis de chicana), pero hacerlo desde el desconocimiento absoluto de la cultura es quedar como alguien que, al menos, no está preparado correctamente para ser periodista de la sección cultura.

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