martes, 28 de mayo de 2019
La experiencia kirchnerista vista como fenómeno unicornio.
El único periodista -que yo recuerde- que analizó correctamente lo que ocurría con el kirchnerismo mientras el kirchnerismo gobernaba fue Eduardo Aliverti. Fué claro como el agua, cuando en un programa de televisión le mostraban los tapes de movileros que intentaban interrogar al paso a Nestor, intentando ser (los movileros lo intentan, casi nunca lo logran) más inteligentes que Nestor Kirchner y se los comparaba con la época de Carlos Menem, De La Rúa e incluso Duhalde. Eduardo Aliverti, ante ese espectáculo, dijo: pasa que en los noventa era fácil decir quién era el malo. Era fácil para el periodismo: Carlos Menem era malo, Corach era malo, Ruckauf era malo, Chacho Alvarez no era tan malo pero después si fue malo. En cambio durante el kirchnerismo ya eso empezó, lentamente, a no ocurrir. De repente teníamos de Ministro de Salud a Ginés González García -que de salud pública sabe- y de Ministro de Educación a Daniel Filmus, a quién es un placer oírlo hablar acerca de educación, porque entiende, conoce y discute. De pronto se llamaba a una institución dentro de lo que es intelectuales argentinos referidos a la educación como Adriana Puigross para que asesorara. De pronto se creaban universidades en el conurbano. De pronto la desocupación bajaba pero además los salarios subían, porque había paritarias (hacía años que no había paritarias). De pronto se implementaba la educación sexual obligatoria en las escuelas. De pronto los homosexuales podian casarse por civil y podían adoptar. De pronto se implementó la asignación universal por hijo. De pronto se crearon canales educativos, como Encuentro y Paka Paka, con producción local. De pronto, la gente dejó de vivir al día, como estabamos acostumbrados a vivir los argentinos, y los chicos que empezaban el secundario -yo esto lo viví- discutían si les convenía ir a una técnica o a un bachillerato, porque parecía que si egresabas de la técnica tenías más posibilidades de trabajo. De pronto hubo cinco por ciento del producto bruto interno para educación y se empezaron a construir hospitales. De pronto, en un momento que hubo inflación, se intentó -por una vez, en Argentina- controlar los precios de los alimentos. Y, de repente, el discurso de donde están los buenos (¿era el periodismo?) y donde están los malos (¿eran los políticos?) se fué diluyendo. Porque en este momento la mayoría de los políticos argentinos tienen ideas más de avanzada que la mayoría de los periodistas argentinos. La triste paradoja y como el tiempo envejece a todo el mundo: en los noventa los polìticos parecìan todo malo y todo lo mismo, y los periodistas (Lanata, Verbitsky, Caparros, Aliverti, etc) todo lo bueno, porque escribían libros y editoriales sobre la corrupción política. Ahora, es difícil encontrar un político o una política abiertamente homofóbico, misógino, clasista, poco informado, màs allà del signo político que sea; en cambio, desgraciadamente, los medios están repletos de periodistas homofóbicos, misóginos, clasistas y mal informados. Y supuestamente los medios (más allá de su tendencia política, todos los medios la tienen) tendrían que poder resolver esto solos, pero la realidad es que no saben como hacerlo. Por dos cosas: porque hay muchos periodistas no preparados -salta a la vista en muchas entrevistas-, por lo cual les es imposible darse cuenta cuando están haciendo un comentario desubicado o una pregunta redundante, y porque los medios están tan acostumbrados a que son una realidad -una irrealidad- dentro de sí misma que le es imposible ver lo que ocurre afuera de los medios. Se dirá que esto último es exagerado. Pero ¿cuántos programas se crearon en los últimos años que pasan video tapes de otros programas y se comentan? En algún momento, el mundo de los medios termina no viendo la realidad; por eso, para los medios, la experiencia kirchnerista fue vista como fenómeno unicornio, cuando para los que atravesamos esos doce años no lo fue.
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