miércoles, 29 de mayo de 2019

La vida secreta de los mártires. 6º parte

La guerra no estallaba. Los yanquis parecían temerosos, timoratos. Sobrenombres divertidos se pergeñaban para nombrar a Abraham Lincoln, y corrían en las tertulias del pueblo. John hijo y Matthew estaban furiosos. La oportunidad de mostrar su capacidad en batalla parecía irse desvaneciendo. Elías no ansiaba la guerra: sus hermanos adivinaban esa falta de ansia que lo volvía poco menos que un cobarde. Mary Louise también parecía advertirla:
- ¿Lucharás por el Sur, cierto?- le preguntaba a veces.
- Si- contestaba Elías.
Había algo incómodo en esas conversaciones. Si, lucharé por el Sur, quería decirle Elías, pero quizás muera. ¿Y si me mutilan? se preguntaba. El mundo era ahora un lugar extraño donde todos deseaban luchar heroicamente. Visitaba más frecuentemente a Marcus, su tío. Fue en esas visitas cuando descubrió la existencia de Allyana.
Se había quedado solo en la cabaña de su tío. Su tío estaba cazando y su prima estaba afuera cosiéndole vestidos a las muñecas. Dentro de la cabaña todo olía a sebo y a pan y a papa cocinada; no era un aroma agradable, pero a Elías le agradaba. Decidió -no tenía nada que hacer- buscar un libro en el cuarto de su tío. Y encontró a la mujer negra, dormida, en la cama de su tío. La reconoció casi enseguida: era una de las esclavas que servían a Mary Louise, Allyana. La mujer dormía profundamente, había laúdano a su lado y sus dos piernas estaban marcadas por latigazos. Mary Louise no me dijo que su esclava se había fugado, pensó. Pero ¿que hace en la cabaña de mi tío?
Cecilia estaba al lado de él. Le hizo una seña de silencio. Fueron nuevamente a la cocina.
- ¿Que hace Allyana aquí?
- Se salvó de Nicolás- dijo su tío, entrando con dos liebres pardas.- ¿Qué haces tú hurgando en mi dormitorio?
- Buscaba libros. ¿Has tomado una negra esclava como amante, ahora? ¿Estás rogando por tu muerte, tío?
Marcus colgó a las liebres de un gancho de hierro y puso una olla de latón abajo.
- Oh, yo no soy el amante de esclavas negras. ¿Tu prometida no te ha contado? Una semana después de que muriera Gwendoline, Allyana se volvió la amante -no por voluntad propia- de tu suegro. La obligó a vestirse con las enaguas de la muerta, a cocinarle y a compartir su lecho. Allyana recién tiene catorce años y, claro, era virgen. Ella obedeció. ¿Sabés con quién se enfureció Mary Louise, cuando se enteró? Con Allyana. Con la niña de catorce años a la cual le regalaba sus muñecas rotas. A su padre, ni una palabra. Hace ocho días atrás tu prometida le pidió a Nicolás que eliminara a Allyana . Nicolás la trajo a esta parte del bosque para matarla, previos azotes - también ordenados por Mary Louise. Allyana gritó. Yo estaba cerca, en el río, intentando pescar bagres. No son buenos para comer, pero fritos disfrazan su catadura. Los oí a ambos y, por suerte, tenía mi escopeta. Nicolás cuando me vió salió corriendo. Y traje a la chica de catorce años aquí e intento curarla, aunque me es casi imposible. Apenas ve mi cara o la de Cecilia, es como si hubiera visto el demonio. Encima, tu futuro suegro, mi adorado vecino, la ha dejado embarazada. Me asombra que siendo tan cercano a Mary Louise ella no te haya contado de esta parte tan interesante de su historia familiar.
Elías se quedó callado. Intentó entender, pero la historia era demasiado espantosa para entenderla. Dijo:
- Mary Louise nunca haría eso.
Marcus sonrió.
- Claro que nunca lo haría. Nicolás iba a hacerlo por ella. La hija es como la madre; son damas sureñas, jamás matan a nadie con sus propias manos.
- Eres una persona horrible.
- Claro- dijo Marcus.- ¿Me denunciarás ante tu futura esposa y tu futuro suegro? Tienes derecho a hacerlo. He traspasado muchos límites. Demasiados, quizás. Quedarás bien con todos, si lo haces.
- Eres mi tío.
- Mary Louise será tu esposa.
Elías miró la punta de sus zapatos.
- ¿Mi padre sabe?- preguntó de pronto.
- Tu padre sabe casi todo.
- Entonces, está decidido. No puedo actuar contra mi padre. Ni contra tí y Cecilia. Pero lo que cuentas de Mary Louise es imposible. Ha sido solo Nicolás. El solo...
- Si- respondió su tío.- Como quieras. El solo. Gracias por no decir nada.


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