domingo, 19 de mayo de 2019

La muerte de un rey. 70° parte

                                                                              usualmente, solo flotan cuerpos
                                                                              a esta hora
                                                                                                       Luis Alberto Spinetta.

                                                                        Gaspar L´Heroux, Cincinatti, 2021

¿Por qué el  trabajo de vigilar a Aquitania y a Ron? Pero Lermoune Filland y Melinda y William ya le habían dicho: si queremos que esto salga bien debes vigilar a esos dos inútiles. En cualquier momento se escapan y abren sus bocazas. Vigilalos. Soy un científico, había respondido Gaspar.
Yo soy escritor, le dijo Will, y anciano. Melinda tampoco puede, pesa solo ciento diez libras. En cuanto a Lermoune, ya lo ha dicho: no va a vigilar más a Ron, que pasa cada cinco minutos de alabar su comida a criticar que tiene demasiada sal. Ya lo hemos decidido: no más caviar Beluga, y si se quiere morir de inanición que se muera.No creo que ocurra, pero si ocurre, mala suerte, lo enterraremos en algún lado. Aquitania se hace el dócil, pero está todo el tiempo que no lo vigilamos buscando maneras de desatarse. Lermoune ha propuesto cortarle cuatro dedos, dos de cada mano; solución drástica, pero no tan mala como pensamos al principio.
Pero ¿por qué yo?
Bueno, eres grandote, dijo Will. Y tienes cara de malo.
Así que allí estaba, pensó Gaspar, bostezando y observando a Ron y a Aquitania. Los dos dormían. Tenía puesto el televisor sin sonido y mientras lo observaba, repasaba los cálculos que permitirían finalizar la máquina. Rodrick es demasiado bueno como científico, ha hecho casi todo el solo. Leonore y Jose y los otros lo hemos ayudado, pero Rodrick es mejor que todos nosotros juntos. Amparo me contó lo de Pauline, pero cuando quise hablar con Rodrick me dijo que Pauline es historia del pasado. Algo de razón tiene Pauline, pero quién puede retroceder ahora... Aunque podríamos, claro.
Sube el televisor, dijo Ron Vermin.
No lo haré.
Subelo.
Casi por inercia, Gaspar le hizo caso. El televisor mostraba cuatro cuerpos incinerados sacados del agua, en Italia y la periodista decía: cinco hombres más murieron baleados en un laboratorio de drogas en el medio de la Provenza. Detuvieron a diez personas más, hombres y mujeres. Al parecer, un ajuste de cuentas entre narcotraficantes.
No fue un ajuste de cuentas, dijo Ron. Eran mis ayudantes.
Pensé que creabas solo tus drogas.
Oh, sí, dijo Ron. Las creaba solo. Pero no las producía solo. Ustedes los mataron. Tenía cinco medidas de seguridad diferentes para que ni la DEA, ni Interpol, ni los otros traficantes llegaran a mi laboratorio. Y ustedes me secuestraron.
Si no te hubieras metido donde no debías no te hubiera pasado nada.
Todos ustedes son unos maleantes. Me obligan a comer los horribles guisos de Lermoune Filland.
En eso te equivocas, le respondió Gaspar. Todos los mediodías Lermoune me cocina tallarines o ternera a la parmesana, o tortilla de arvejas, mis favoritos. Los guisos horribles los cocina especialmente para tí. Y para tu amiguito Julio.
Eres un coñazo, Ron, dijo Julio Aquitania. Pero por culpa de tí estoy aquí así que
Ahora, dijo Ron.
Ambos se levantaron. De alguna manera se habían desatado. Ron tenía una especie de trincheta de plástico en la mano.
Eres científico y alto y barbudo, pero no eres muy ágil, dijo Ron. ¿Te crees que no he peleado contra hombres más grandotes que tú?
Avanzó hacia él.
Gaspar se levantó de la silla y retrocedió dos pasos. Se cayó al suelo, solo. Ambos hombres se desconcertaron. Gaspar aprovechó para sacar el cuchillo que Will le había dado y cortarle a Ron el tendón de aquiles del pie derecho. Ron aulló. Julio Aquitania intentó inmovilizar a Gaspar, pero Gaspar lo agarró de una mano y le cortó el meñique. Luego le sujetó la otra mano y le cortó el meñique y el anular. Mientras ambos gritaban -maldita sea, los vecinos, pensó Gaspar- ató cuidadosamente a ambos y tiró a la basura los tres dedos de Aquitania. Tiró un poco de whisky barato sobre las heridas de ambos. Y llamó a Lisbeth.
Cuando llegó la policía Lisbeth y Gaspar estaban sentados cómodamente en el sofá, mirando la televisión.
- Los vecinos han denunciado gritos.
- Oh, no es nada- dijo Gaspar- Estaban pasando el partido de los Yanquis y mi esposa decidió cambiar de canal para ver Desperate Housewives en un momento crítico.
- Siempre te alteras por estas cosas, mi cielo.
- Debería tomar clases de manejo de ira.
Apenas se fue la policía, Gaspar abrió el closet, donde estaban Ron y Julio amordazados, ensangrentados y atados.
¿Tres dedos? dijo Lisbeth. ¿Hacía falta cortarle tres dedos?
Oh, dijo Gaspar, Lermoune tenía razón. Son insoportables. No los maté por lástima. A propósito, Vermin, Ron, ¿sabías que viví durante cinco años en uno de los barrios más peligrosos de Nueva Orleans y que tomé clases de defensa personal después de que me asaltaran tres veces? Apuesto a que no lo sabías. Deja de llorar. Tendremos que cauterizar las heridas y renguearas el resto de tu vida. Mejor que no vuelvas a gritar.
Creo que sería buena idea disolver los tres dedos de Aquitania en ácido, dijo Lisbeth. Hay ácido sulfúrico en el laboratorio ¿cierto?
Por supuesto, respondió Gaspar.







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