ando en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos
Francisco de Quevedo
Gaspar, bosque cercano a Termón
Es la peor idea que Sarar ha tenido nunca, dijo Gaspar.
Además ¿están todos de acuerdo?
No. Tiffany quiere arrasarlos. Melinda creo que también, respondió Loug. Dión está con nosotros, ¿lo sabías? Antes de caer prisionera, fue a verlo.
¿Y Henry y Leonore?
A ninguno de los dos les agrada el Rey. Henry está viniendo hacia aquí, Leonore va hacia el palacio...
Gaspar se sentó sobre un tronco. Vivía desde hacía treinta años con una mujer que había encontrado apaleada al costado del bosque; cuando pudo curarla de sus heridas, la mujer nunca pudo explicarle porque o quién la habían golpeado hasta casi matarla. Tal vez ni siquiera ella lo sabía. Tenía cinco hijos con ella. Ni la mujer, ni sus hijos sabía que era uno de los Mil. Aunque pronto lo sabría; una noche, un par de meses atrás, le había preguntado porqué no tenía ni una arruga más ni una cana más que las que tenía cuando se habían conocido. ¿Cómo se lo diría? Ocurre que soy uno de los Mil, y no moriré, y nuestros hijos tal vez tampoco, aún no lo sabemos, pero tú sí, tu morirás. Ya le había ocurrido lo mismo poco después del comienzo de la guerra, una mujer mestiza, impetuosa, a la que le encantaba que él le hablara de la proporción aúrea en los objetos. Una niña habían tenido, Lerina, que ahora era la esposa de uno de los nietos de Tiffany. La madre de Lerina, al menos, pensó, sabía que era uno de los Mil; cuando cumplió cuarenta se marchó de mi lado y no regresó. Envejecía. Yo no envejecía con ella.
A tí te pareció maravilloso cuando Sarar te lo propuso ¿no es cierto? le preguntó a Loug. Un nuevo planeta por descubrir y envejecer lentamente.
Ya no recuerdo, respondió Loug sonriendo. Tenía el corazón roto en esos momentos, sabes, mi amante joven me había abandonado y odiaba mi trabajo y odiaba mi vida. Cualquier cosa que no fuera estar en el planeta Tierra me hubiera resultado maravillosa.
¿Lo extrañas?
¿Al planeta o a mi amante?
A ambas cosas, supongo.
Sí. Claro. Es raro, en la Tierra siempre me consideré un espíritu libre. Imagínate, mis padres murieron cuando era muy joven, mi hermana se casó al poco tiempo, trabajaba de fotógrafo, mi vida sentimental era, bueno, accidentada, viajaba muchísimo, era prestigioso, bah, prestigioso y rico. Y era bueno en lo que hacía. Y sin embargo aquí vivo en Termon, no me he movido, no me he aventurado: cuando Sarar, Rodrick y Tiffany me contaron lo del plan y mi parte en el plan y el nuevo planeta, me imaginé explorándolo todo, registrando, conociendo. Eso no me ocurrió. Creo que una parte de mí murió en el planeta Tierra. Las cosas que había amado, están allí. Estaban allí. Aquí soy feliz, y soy inmortal, pero muchas noches sueño que le digo a Sarar que no, que no lo ayudaré o, que lo ayudaré y guardaré el secreto, pero que no iré con ellos. Como Penny y Ludmila. Pero, bueno, no me quejo. Fue mi decisión. Pero tu también abandonaste cosas en el planeta Tierra.
Claro que abandoné. Una exesposa que ya no quería hablar conmigo y un hijo de un primer matrimonio que me odiaba y nunca quiso responder mis llamados. No lo culpo. La última vez que me había visto había sido a los cinco años, cuando le alcancé apurado un camión de ambulancia gigantesco, comprado en Toy´s Joy Bright, para su cumpleaños. Veintisiete años después quería "rehacer el vínculo". La última vez que lo llamé me atendió mi nieta, de tres años, a la que jamás ví en mi vida y me dijo que su papá no quería hablar conmigo y que dejara de llamarlo y que era un derk. Creo que quiso decir idiota, pero no sabía pronunciar la palabra. Por eso cuidaba mucho de Rodrick, ¿sabes? Me imaginaba que era mi hijo. Claro, no lo es. Si fuera mi hijo, no sería ni la millonésima parte de inteligente que es Rodrick.
Siempre tuve una duda, dijo de pronto Loug.
¿Una sola? Se nota que no eres científico.
¿Porqué Rodrick aceptó?
Oh, ocurre que... Sabes, tienes razón. Mirame, estoy diciendo que Rodrick era como mi hijo, y nunca le dije nada. ¿Sabías que Pauline sabía del plan y de la máquina desde mucho antes de unírsenos? ¿Sabías que una tarde Amparo regresó llorando a los gritos, con un ataque de nervios, que Oregon, Penny y Tiffany estuvieron al lado de ella, y que casi se derrumba todo el plan esa tarde? ¿Sabías que la que resolvió la situación fue Melinda, dándole una cachetada y preguntándole si quería estar enterrando a Eliza en cuatro, cinco meses? Oregón se enfureció con Rodrick esa tarde, le dijo que estaba arriesgando la vida de su hija y la vida de Melinda, y el pellejo de todos ellos al contárselo todo a una desconocida, y fue Amparo -recuerdo, Amparo con la mejilla arrebolada por la cachetada de Melinda y aún llorosa-, la que empezó a empujar a Oregon, y Oregon la miró desorientado porque Amparo jamás discutía ni peleaba con él excepto por cosas como si había o no comprado desodorante de ambientes, empezó a empujarlo muy fuerte y a decirle que no se metiera con Rodrick, que Rodrick estaba dejándolo todo por culpa de ellos dos y de Eliza, y que si oía una palabra más contra Rodrick pediría el divorcio, se iría a vivir con sus madres, y el vería a su hija solo los fines de semana, y luego se encerró en su dormitorio, donde Eliza dormía. Rodrick quedó temblando. Amparo no le volvió a hablar a Oregon por dos meses enteros. Creo que lo que ocurrió después, tanto después, cuando entraron a la Máquina durante la batalla que comenzó la guerra, empezó a ocurrir en ese momento .Rodrick me lo contó dos días después de que ocurrió, porque no podía creer que Amparo se hubiera enojado con Oregon por defenderlo. La única conclusión a la que llego es que fuí tan mal padre de mi hijo científico imaginario como de mi hijo real de carne y hueso; yo también sabía que estábamos pidiendo de Rodrick más de lo que un pobre supergenio de la Ivy League puede dar.
Hacen bien Pauline y Rodrick de huir siempre de nosotros también, dijo Loug.
Creo que sí, arriesgó Gaspar.
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