El agua, que nos llega a las costillas
ha decidido ser de camalotes y de ahogados.
Los barcos vuelven o se herrumbran,
en los barrios se prenden luces
nadie regresa
del todo del sueño.
Solo los gatos de los tapiales
quieren seguir siendo gatos
y ninguna otra cosa.
Volveremos
como peces hundidos en la historia
de nuestros muertos
a los que velamos
solo cuando
nos ahogamos.
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