lunes, 27 de mayo de 2019

El cuento de las comadrejas.

En su última película, El cuento de las comadrejas, Campanella utiliza toda su capacidad de oficio y casi cada referencia cinemátográfica posible: es una historia que cruza películas de divas en decadencia como Sunset Boulevard y ¿Quién mató a Baby Jane? con lo mejor de una cuento de comedia negra escrito por Roald Dahl. La mezcla, en este caso, que suena inverosímil escrita, en la película es excelente. Una gran elección de casting, los más viejos ya consagradísimos (Oscar Martinez, Luis Brandoni, Marcos Mundstock, Graciela Borges -haciendo una parodia de sí misma-) y los dos jòvenes, Nicolás Francella y, sobre todo, Clara Lago, que se carga el papel solita de la mala, mala, mala,  y está perfecta; no hay papel más difícil en toda la película que el de Barbara Otamendi, el papel de Clara Lago, y la actriz lo compone sin desbordes, pero tampoco sin medias tintas; el equilibrio justo entre la femme fatale y la ambiciosa sin escrúpulos. El cuento de las comadrejas es una historia muy divertida sobre ancianos, sobre la decadencia y la muerte, sobre el precio de la fama y, aunque nadie lo crea, sobre el precio de una casa en ruinas. Varios de los mejores chistes que he oído en los últimos años están en la historia, tirados como al pasar. Y el final tiene un aire decadente y encantador, como la mansión entera, como el santuario de la diva olvidada, como el gallinero donde entran comadrejas.

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