Odio a los perros. Es un odio que mantengo desde que soy niña. Debo decir que, desgraciadamente, no es recíproco: los perros me aman. Basta que vaya a una plaza, playa, parque o cancha de basquet y algún perro sin dueño o con dueño aparezca y quiera que le haga mimos. Los toco con repulsión y me siguen. Este odio me ha deparado desgracias varias en mi vida familiar, amistosa y amorosa: en la vida familiar, cuando le dije a mamá o Bartolo y Danila (sus dos caniches toy) o yo, mamá dijo que ya era hora de que me independizara y me fuera a vivir a una pensión. Creí que el resto de mi familia me apoyaría: desgraciadamente todos estuvieron a favor de Bartolo y de Danila. Claro, a mí no me quedan tan bien los chalequitos ñoños ni me siento y doy la patita. En cuanto a amistades, perdí a mi mejor amiga de la escuela secundaria cuando le sugerí sacrificar a Bombo, su insoportable y gordo Golden Retriver. No sale tan caro, le dije, y es un animal, no se va a dar cuenta. No solo perdí a mi mejor amiga: en cuanto mi novio de esa época se enteró de mi frase me cortó sin explicaciones. Sobreviví como pude al ostracismo y eventualmente, conseguí nuevas amigas, y nuevos novios, todos alérgicos al pelo de perro.
Hace tres años que vivo con Osmar y con Durandia. Alquilamos una casa en barrio Belgrano. Podría pagar ahora todo el alquiler -hace seis meses me ascendieron y cobro el quintuple que ellos- pero me gusta convivir con ellos; con Osmar somos casi amigos, Durandia es demasiado caótica para ser mi amiga pero puedo convivir con su caos. Tres semanas atrás Durandia apareció con unas fotos:
. La vieja del kiosco está dando en adopción los cachorros de su cocker spaniel. Parece que se la agarró un cuzquito de la calle y salieron una especie de monstruitos peludos, negros y con las orejas largas.
- Siempre quise adoptar una mascota- dijo de pronto Osmar.
- Yo también- repitió Durandia.- Me encantan los perritos. ¿Qué opinás, Gri?
Sé que es necesaria un poco de hipocresía en esta vida. La utilizo siempre que puedo.
-Un perro... Es algo caro. Además no estamos nunca.
- Los perros no son caros- dijo Osmar. Casi le pego- Además, yo pago el alimento.
- Yo pago el veterinario- se ofreció Durandia.
Los odié a los dos. ¿Por qué de pronto tanta generosidad? ¿No hay en el mundo niños hambrientos que alimentar, poetas famélicos a quienes publicarles sus obras completas, arbolitos de naranja que necesitan ser plantados? No pude decirlo.
Respiré aliviada cuando durante los seis días siguientes no se volvió a hablar de los monstruos que la perra de la vecina había parido. En el séptimo día regresé del trabajo y encontré una caja de cartón en la cocina. Adentro había algo que se movía y gimoteaba. Pensé que era una rata mutante y empecé a gritar.
Durandia acudió ante mis gritos.
- ¿Que te pasa, loca?
- Hay una rata en una caja de la cocina.
Durandia se empezó a reir.
- No, pelotuda, no es una rata. Es Chimbote. Nuestro perrito.
¿Nuestro? Durandia siempre estuvo medio loca. Si algún día se compra una guitarra ¿va a decir que es nuestra guitarra? Cuando se compra una cartera en el shopping ¿dice que es nuestra cartera? Esa cosa peluda y negra que reptaba en la caja de cartón no era, definitivamente, nada mío.
Antes de que pudiera decirle nada se abrió la puerta de entrada y entró Osmar con una bolsa de Carrefour, repleta. Osmar nunca hace las compras. Ni solo ni con nosotras. Se pierde en el supermercado. Compra cosas irrelevantes y caras, como líquido para pisos plastificados -que no tenemos- y salsa de tomate de dos litros importada de Italia. Ver a Osmar con una bolsa del Carrefour es más chocante que verlo teniendo sexo con su novia, cosa que, por otra parte, tanto Durandia como yo hemos visto varias veces. No sé por qué no pone una traba en su puerta.
- ¿Donde está Chimbote? ¿Donde está el perro más lindo del mundo?- se acercó a la caja y levantó la cosa. Casi vomito.
- Compré comida para cachorritos- nos dijo- Ahora le damos.
Tuve la esperanza de que la cosa reptante rechazara la comida. Si no quiere comer van a devolverlo. No ocurrió. De entre los pelos negros se abrió una boca asquerosa y rosada y una lengua aún más asquerosa y rosada empezó a devorar la comida que estaba en el dedo de Osmar.
- Le compré ropita y un platito y ya hablé con el vete de acá a la vuelta para desparasitarlo. ¿Estás contento, cierto, Chimbote? ¿Estás contento? ¿Querés darle de comer, Gri?
Sacudí la cabeza, en un claro no.
- Dale, no sabes lo que es. Es el animal mas lindo del mundo. No cierto, Chimbotito. Papá te compró ropita y mañana te llevamos al veterinario.
¿Papá? ¿Y Durandia y yo que eramos, las madres de esa cosa peluda? Soy muy joven para ser madre, quería decirles, no lo he pensado todavía, y si algún día soy madre no voy a compartir la maternidad con un hombre que se pierde en los supermercados y derrocha dinero y mucho menos con Durandia, que cuando se le acaba la ropa limpia en vez de lavarla va a su casa natal y le roba la ropa a alguna de sus hermanas menores. Ninguno de los dos encajaba en mi ideal de paternidad responsable.
Por supuesto, no dije nada de eso. Dije:
- Está bien.
Lo alcé, suplicando que no ocurriera lo que siempre ocurría. Pero ocurrió. Apenas estuvo en mis brazos, esa asquerosa cosa peluda y negra no solo devoró lo poco que quedaba de alimento, sino que luego se acurrucó y se quedó dormido, contento. Durandia, un poco celosa, quiso alzarlo.
- Vení conmigo, Chimbotito.
La musaraña gigante empezó a gemir muy fuerte apenas Durandia lo agarró. Como si alguien lo estuviera matando.
- Calmate, calmate- decía Durandia. Osmar lo agarró e intentó calmarlo. Inútil. ¿Cómo un cuerpo tan pequeñito podía hacer ruidos tan agudos y fuertes? Era aterrador.
- Agarralo de nuevo, Gri.
Previsiblemente, apenas lo alcé el bicho regurguitó, se puso panza arriba y se quedó dormido.
- Bue- dijo Osmar- se ve que prefiere estar con vos. Lástima, pensaba hacerlo dormir conmigo.
- Si, yo también quería lo mismo- dijo Durandia con algo de rencor- Siempre pensé que no te gustaban los animales. Los perros, por lo menos.
Respiré hondo y sonreí.
- Amo los perros- contesté.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario