martes, 7 de mayo de 2019
Five o´clock tea
Mi tía abuela Angela amaba la comida. Pero para ella la comida fina no era la francesa ni la italiana ni la española: era la inglesa. El sueño de su vida (me lo confesó varias veces) era ir a Inglaterra pero no a visitar Oxford ni el Palacio de Buckinham, sin una casa de té inglés, y sentarse allí y tomar un té a la inglesa: es decir un té con sandwichs, pastelillos, lemon curd y tostadas y manteca y jalea de grosellas. Seguramente se imaginaba que mientras lo hacía leería una novela de Agatha Christie, de las que era devotísima, hasta el punto de discutir quién era la mejor Miss Marple en el cine. Extrañamente o no, mi madre y yo heredamos esa devoción. Para nosotras dos la elegancia es inglesa; cuando vemos Poirot o La mansion Howard nos derretimos. Y para mí, y Francia si quiere puede declararnos la guerra, la comida fina es la comida inglesa: roast beef, shepherds pie, lemon pie, cheesecake y five o´clock tea.
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