jueves, 16 de mayo de 2019

El nuevo orden progresista.

Desconfío de los nihilistas. Desconfio la metafora del tango: todo tiempo pasado fue mejor, porque además de no ser cierta muchas veces, aún siendo cierta, es imposible volver al pasado. Hay una cierta tensión actual en todo el mundo entre muchas personas, que viven bastante mejor que hace ocho décadas atrás, que piensan que este es el peor de los mundos posibles porque la conexión a Internet tiene pocos megas. O porque no pueden comprarse una oferta por Mercado Libre. El capitalismo de las últimas cinco décadas vende libertad; la gente la compra, ilusionada, sin darse cuenta que si hay algo que no puede comprarse, justamente, es la libertad. Es común escuchar a la gente quejarse de gobiernos democráticos: están recortando nuestras libertades, dicen, cuando las obligan a pagar algún impuesto o cuando son multados por pasar límites de velocidad en las rutas. Queremos de vuelta ser libres. Pero ¿en que momento fue libre esa gente? ¿Cuando no pagaba impuestos? ¿Cuando pasaba límites de velocidad y no eran multados? Su concepto de la libertad, si por libertad entienden no pagar impuestos y manejar irresponsablemente, es tan mínimo que ni siquiera merece ser considerado seriamente. El orden del progresismo parece ser: te daremos todas las libertades que tu piensas que mereces, y, mas aún, si en algún momento eres un irresponsable, te justificaremos y te comprenderemos porque mereces ser libre porque eres un ser humano. La realidad es que en la mayor parte de los estados democráticos modernos los derechos civiles están (al menos en el papel) garantizados y ya nadie piensa, o son una minoría, que los negros deben ir a otras universidades que los blancos o que una mujer no puede ser ingeniera civil porque es mujer. Que era el pensamiento dominante hace cincuenta años atrás, no hace tanto. Y todos esos derechos civiles traen aparejadas obligaciones: obligaciones que quizás no nos gusten, pero que son necesarias porque cuando las personas empiezan a creer en el nihilismo de que las leyes no son necesarias, y que su aplicación es opresión, no se vuelve a un socialismo utópico que nunca existió completamente: se vuelve a lo peor del fascismo y el stalinismo. Al pensamiento que equipara pueblo con masa, en el cual solamente tienen razon algunos elegidos a quienes los sigue mucha gente violenta y mucha gente mas por conveniencia, y que cualquier voz disidente, aunque sea sensata, es acallada, porque no piensa como el resto. Todos esos fenómenos históricos que se apoyaron en la voz de los que más gritaban y los que pegaban más fuerte, terminaron generalmente en dictaduras sangrientas y derrotas. En todo caso desde el orden progresista, que reclama diversas libertades para todo el mundo, debería preguntarse: ¿a quien nombramos cuando decimos "todo el mundo"? ¿Por que hay tanta gente que cuestiona tan duramente las libertades que nosotros generosamente estamos "reclamando", no solo en nombre nuestro, sino en nombre de personas que no conocemos? Pensar que todo el mundo quiere ser progresista o pensar que el que no adhiere a postulados progresistas es una especie de monstruo dictatorial conservador ¿no es en fondo tan totalitario como postular que todos los alumnos deberían recibir clases de catequesis en horario escolar? Hay muchas personas conservadoras en el mundo occidental y sus puntos de vista merecen ser escuchados con tanto respeto como se escucha a una persona que tiene pensamientos más liberales.












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