viernes, 31 de mayo de 2019
Problemas del Tercer Mundo
En una crónica muy buena acerca de la Ciudad de Buenos Aires, Martín Caparrós habla acerca de los cartoneros. En una observación filosa - porque no solamente atañe al gobierno actual de Macri, sino a los gobiernos más "progres" de Nestor Kirchner y de Cristina Fernandez- dice: los cartoneros, la gente que vivía de la basura, que comía de la basura, parecieron empezar a ser visibles desde el año 2001 (aunque, claro, existían desde antes, solo que no eran tan visibles). Diez años atrás se le dieron chalecos naranjas para reconocerlos como trabajadores de reciclado. En ese momento gobernaba Cristina Fernandez. Ahora gobierna Macri y los cartoneros siguen existiendo; se han multiplicado. Aparentemente, lo único que han podido hacer gobiernos de diferente signo por la gente que vive de la basura es darles chalecos naranjas y llamarlos por nombres más agradables que cartoneros, para que no se sientan discriminados. Que no se entienda mal: no estoy en contra de los cartoneros. Al contrario, pienso que trabajan muchísimo más que un broker de la City o un RR.PP de una discoteca. Justamente, si hay algo que demuestra un cartonero o una cartonera es voluntad de trabajo. Ahora ¿ningún gobierno puede darles una opción de trabajo más digno que el reciclaje de basura? Los subsidios y la asignación universal por hijo están muy bien, porque elevan, aunque sea mínimamente, el nivel de vida de gente que vive de la peor manera posible: pero si no se le dan oportunidades de un trabajo mejor, de una vivienda digna, van a seguir viviendo del cartoneo. Sus hijos van a seguir siendo cartoneros. Van a seguir comiendo en comedores comunitarios, que no están mal para paliar el hambre diaria, pero que definitivamente no es lo mismo que comer en una casa, en una cocina. No podemos echarle la culpa de esto al gobierno de Mauricio Macri, porque he visto personas cartoneando desde el gobierno de Alfonsín. En esas épocas se repartían las cajas PAN. Después hubo otras formas de asistencialismo, desde cada gobierno, diversas. No estoy en contra de que el gobierno subsidie de alguna manera a los sectores sociales más pobres: muchos de los sectores más pobres trabajan todos los días, de domingo a domingo y su trabajo es invisible. Pero no podemos decir -realmente no podemos- que en Argentina no tenemos los medios ni el dinero para garantizar mejores trabajos, mejor nivel de vida, buena salud pública, buena educación pública, vivienda digna a las personas mas pobres. Argentina es un país de mucha riqueza natural y de muy poca población. Que haya un treinta por ciento de pobres y un cinco por ciento de indigentes es un escándalo y los diferentes gobiernos democráticos desde 1983 no han podido resolver esto: lo han empeorado. En cuanto a los medios, les encanta mostrar la pobreza y la miseria como pintoresca. No hay nada pintoresco en ser pobre o en vivir en una villa miseria: es la ausencia absoluta de políticas de Estado donde tendrían que ser más fuertes las políticas de Estado. Hay mucha gente que critica esto y piensa que el Estado no tendría que tener políticas públicas hacia la gente más pobre, porque "son pobres por algo". Pero son personas que saben que van a desayunar al día siguiente. Y son personas que no saben a cuanto está el kilo de papel ni el kilo de cartón y todo el cartón y todo el papel que hay que juntar para hacer cien pesos, con los cuales hay que comer al día siguiente. Somos un país donde hay suficiente riqueza para que todas las personas tengan acceso a una vida digna y a un futuro para sus hijos y desde hace muchas décadas esta realidad, que debería ser clara a simple vista, viene siendo negada por muchos políticos, periodistas e intelectuales.
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