lunes, 5 de mayo de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Germán.

Karen, al final, no me ayudó en nada con lo de Amalia. Me dijo, mirá, yo estoy muy ocupada, vamos a ser madres con la Peco, además lo tuyo me parece medio una boludez, tu situación con Gretel todavía está complicada, yo soy amiga tuya y te apoyo en todo pero en esta no, sí querés pasá un día y charlamos. Es decir, toda la sanata que nos largan las mujeres cuando no nos quieren dar una mano. Javier está enfurecido conmigo y creo que nos terminaríamos agarrando a las piñas, si no fuera porque tiene miedo que alguno filme y que aparezca en La Nación y Clarín el video con la leyenda abajo: "Patotero K agrede a militante del PRO".  En cuanto a mi hermano, a quién también le pedí consejo (¿por qué? ¿por qué?) fue franco y directo:
- Si Amalia está muerta conmigo- me contestó.
Yo casi me río.
- ¿De donde sacaste eso?
- Si salió conmigo, cuando vos saliste con Patri y no me sacó los ojos de encima en toda la noche.
- ¿Qué?
- Sí, no te diste cuenta. Y las veces que le conté las anécdotas de Juancito ella se rió.
- No, no me di cuenta. En realidad, tuve la impresión que ella aceptó salir con vos para hacerle la gamba a Patri, que quería salir. Conmigo.
- Mirá, pibe, ya sé, vos sos estadístico y te vestís bien y toda la onda, pero yo tengo un imán especial hacia las mujeres. Sé hablarles.
- Ah, por eso te divorciaste dos veces.
- No nos metamos en ese temita, porque yo puedo recordarte que la causa de mi primer divorcio fue la misma causa de tu separación con Gretel.
- ¿Y la causa del segundo?
- Incompatibilidad de caracteres. Eso le dijimos al juez. Resignate, pibe, comparado conmigo siempre salís perdiendo. Además, yo soy mucho más lindo que vos.
- Pesás veinte kilos más que yo. Te estás por quedar pelado. Y encima usás ropa sin planchar.
- Pero mis ojos son más claros. Y la barba me queda bien. Mamá siempre me lo dijo. Además ¿qué tanto interés por Amalia? Es parecida a Julieta Venegas, pero no es para tanto.
- Es que, ahora que no tengo a Gretel, no sé que hacer. Me estaba por casar, vos entendés, íbamos a vivir juntos y ahora mi departamento está lleno de grasa de Cheetos, de botellas de whisky que vos escondés por los rincones y de Cajitas Felices vacías. Me agarra una depresión.
- Yo también me deprimo un poco a veces. Por eso el whisky. Pero tenés tu empresa, tu trabajo.
- Soy estadístico, Alberto, no busco la cura contra el cáncer.
- Tenés tu salud.
- Eso se le dice a alguien de setenta años.
- No sé que querés que te diga, Germán. ¿Querés que vayamos de putas? ¿Querés que te consiga una novia?
Debo contar algo. Mi hermano Alberto una vez intentó conseguirme una novia. No salió muy bien, sobre todo porque yo tenía dieciséis años y la chica veintiuno y pensaba que estaba saliendo con un chico de veintidós. Fueron las dos semanas más felices de mi vida, pero cuando la chica se enteró (un día me vió con mis compañeros de colegio) casi lo mata a Alberto. A mí no, porque era menor de edad y porque pensaba que era una ternura.
- No- le contesto.- Mejor no me ayudes, gracias.
- Bueno, pero olvidate de Amalia. Hay un código entre hermanos. La que salió con uno no puede salir con el otro. Si no, dejo de hablarte.
No sería tan mal negocio. Ahora que lo pienso.



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