Diario de Amalia
Bueno, aquí estoy, en mi segundo día de trabajo, a punto de suicidarme. Ya rompí tres tazas, dos platos y una cucharita (porque acá las cucharas son de porcelana, la puta que las parió). La llamé dos veces a Patri y tres a la Peco, llorando. La Patri me cortó la segunda vez, después de decirme que soy una pendeja malcriada y que si hubiera tenido que trabajar como ella desde los diecisiete años en lo que fuera dejaría de quejarme. Las otras mozas me tratan bastante mal y reciben más propina que yo; cuando nos sentamos en el descanso de quince minutos ni me hablan. Me equivoco cuando le llevo la cuenta a una señora, que está con sus amigas, y esta me re putea. Entonces llega Gretel.
- Hola, Alicita- me dice.- ¿Qué estás haciendo acá?- esa pregunta es pura maldad. Estoy usando un delantal a rayas y llevo una bandeja.
- Estoy trabajando- le contesto yo.
- Ay, Ali, pero ¿vos no estudiás?
- Sí, estudio, pero...
- Si, entiendo, yo también tengo que trabajar un montón en la boutique. El otro día tuve que ir a un desfile de modas en el Tigre. Me parece bárbaro que quieras tener tu propio dinero, chiqui. Y me enteré del break down que tuvo tu madre y por qué fue; pobre, debe ser difícil para vos.
La miro de arriba a abajo. No sé que contestarle.
- Pero perdoname, te hago perder el tiempo y vos estás trabajando. Vengo a buscar a Julián.
- Creo que está en la cocina- le digo yo.
No es cierto. Julián está en ese cuarto apartado del fondo que llamamos la oficina, aunque de oficina no tiene nada. A Gretel le va a llevar media hora encontrarlo. Es mi pequeña venganza.
Un cuarto de hora más tarde se escucha: Así que era cierto, sos un hijo de puta, en todo el local. Por suerte casi no hay clientes, salvo un cliente solterón y medio sordo que sigue comiendo con parsimonia su brownie. Y Gretel sale corriendo. Y Julián no sale.
Entre las mozas nos miramos. Se ve que a las otras no les cae muy simpatico Julián, porque el comentario más escuchado es "Qué podés esperar, con un tipo así". Yo apenas si lo conozco y en su prontuario tiene que le metió los cuernos a mi mejor amiga, pero aún así me da un poco de pena.
Entro a la oficina y veo tres cuadros, que antes tenían lindos colores y un marquito, todos manchados con brea negra. Y a Julián sentado en una silla. Mirando el suelo.
- ¿Qué pasó?
- No sé, se puso como loca.
Yo lo miro fijamente.
- Decime la verdad.
- Pasa que hace cinco días atrás me encontré con la tía de Gretel. Tiene una galería de arte. Es muy simpática, un poco veterana, pero muy simpática.
- Y te acostaste con ella...
- ¿Cómo sabés?
- Ay, Julián, perdoná que te lo diga pero Patri decía que eras el peor mujeriego de Buenos Aires. ¿Cómo no querés que se enoje Gretel, si te acostaste con ella y con la tía? Es casi una tragedia griega.
Y seguro que a las dos le mandaste el poema de Mario Benedetti.
- ¿El poema de Benedetti?
- Si te quiero es porque sos, mi amor...
- A mi me encanta.
- Dejá de mandarlo. Es tu marca de fábrica.
- Que querés, es mi costado romántico. A veces lo pienso de en serio. Con Patri, por ejemplo.
- Patri no es romántica. Ves, conmigo hubiera funcionado. Bueno, a mí me emocionaba cuando Javier me encontraba parecida a Eva Perón, así que...
- ¿Quién es Javier?
- Mi ex novio.
- ¿Lo dejaste?
- El me dejó. Me mandó a la puta que me parió.
Me siento en el banquito. Nos reímos los dos.
- No importa que nos vaya mal en el amor- me dice Julián. - Yo voy a triunfar en el arte y vos vas a triunfar como abogada. Si seguimos solteros a los cuarenta, nos casamos. ¿Está bien?
- Está bien, Julián- le digo. Lo veo un poco triste, así que mejor no lo contradigo. Además, es mi jefe.
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