lunes, 26 de mayo de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

Diario de Amalia.

Cómo en casa ya no se puede estar, voy a la casa de Patri.
- Hola, chi, como estás.- Me mira la cara- Ya sé, es la Peco. Aguántala un poco más, es densa con la vida sana y todo eso, pero ya se va a amigar con Karen.
- Patri, no creo que se amigue.
- ¿Por qué no?
- ¿Viste que mi jefe es ahora Julián?
- Sí, ya sé...
- El otro día vino a mi casa. Yo no estaba. Estaba la Peco escuchando las canciones que ella siempre escucha...
- No- me dice la Patri.
- Y bueno- le digo yo- son Sandra y Celeste. Son super románticas. Y no le gustan a ningún hombre que yo conozca menos...
- Menos a Julián- la completa la Patri.- ¿Cómo me hiciste esto?
- ¿Yo? Yo no hice nada.
- Claro, ahora todo va a estar bárbaro, la Karen separada de la Peco, la Peco con mi ex novio, es un desastre, sos una desgraciada.
- Yo te dije que trajeras a la Peco acá- le digo- Te dije que no la aguantaba más, y vos ni bola, apenas si me ayudaste.  Qué querés, mi jefe es Julián, tiene un encanto especial con las mujeres. No sé como hace.
- No- dice Patri- yo tampoco lo sé. Pero podrías haberlo echado.
- Me echa del trabajo, pedazo de boluda.
- ¿Y Karen?
- Lo asumió demasiado bien- le digo yo- Y encima dice que no estaba lista para ser madre.
Patri se queda callada un rato largo. Después se larga a reir.
- Vos sabés, si yo no hubiera sabido siempre que la Peco era lesbiana, se me tendría que haber ocurrido. Es la mujer ideal de Julián. Es cierto lo que decía Karen, lo de la sonrisita irónica cuando las veía a las dos, pero con la Peco era más...
- ¿Más qué?
- Más amable. Por ahí le gustaba desde hace mucho, que se yo. Y Julián cuando ve una oportunidad la aprovecha.
- Y la verdad- digo yo- esta vez estaba servida en bandeja. Lo peor de todo es que no hay manera de que recupere mi departamento para mí sola.
- Bueno, nena- me dice Patri- todo sea por el amor. Aunque me parece que nunca más vamos a poder salir las cuatro juntas, como antes.
- Cierto. Lo peor de todo es que la pattiserie de Julián queda a una cuadra de la casa de Karen y que Julián la está convenciendo a la Peco para que lo ayude con la carta y con la cocina. O sea, la voy a tener en mi casa y en el trabajo.
- Bueno, no seas tonta, decile a Julian que se la lleve.
- No puedo.
- Claro que podés. "Julián, llevate a tu novia a tu casa". Se lo decís. Así.
- Es más fuerte que yo. ¿Podés ir vos y decírselo? Prometo después que te consigo un novio del PRO, con remera y todo.
- ¿Y donde conocés gente del PRO?
- Tengo una carta abajo de la manga, Patri- le digo- Los amigos de mi viejo. Tres de UNEN, uno filo kirchnerista, pero cuatro del PRO.
- ¿Cuatro? ¿Alguno soltero y por abajo de los cuarenta?
- Tan lanzada y con pretensiones. Uno solo. Marcos Graubal. Dueño de una fábrica textil. Dos veces concejal. Hermano del rabino Graubal. Y vive con la mamá.
- No- me dice la Patri.
- Que mala onda- le digo.- Te quiero ayudar.
- No, vos te querés deshacer de la Peco. Y la recompensa no es muy buena: un judío treinteañero que todavía vive con la madre. Ya sobreviví a Julián, pero a eso no sobrevivo.
- No solamente con la madre. Con la abuela también. Salí con él un año y medio, Patri. No es tan malo, salvo en el Sabath. Ahí se transforma.

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