miércoles, 14 de mayo de 2014
Tapiales
El primero fue Fafá. Lo envenenaron en el fondo y mientras yo lloraba en mi pieza mi papá lloraba en su cama. La segunda fue Miyuti, que tenía una hermana que fue aplastada por un auto. Miyuti tuvo hijos, pero murieron. Ella adoptó a dos que andaban por allí, muertos de hambre. Le agarró moquillo y murió mientras viajábamos al campo. A sus hijos adoptivos los recibió mi abuela Telma. Creo que encontraron hogar. La tercera fue la Mona. A ella me la regaló Laura, que enseña filosofía. Era la gata más fea del mundo, creo. Para mí era preciosa. Después llegó Layla, que era como una princesa y murió como una princesa, en una maceta en el fondo. También estuvo el Negro, que agonizó muchas horas y la última que murió fue la Miya, de vieja. Era igual a la Mona. A esa la trajo mi hermano. Bola de Nieve es un duque; está seguro de que la marca de la oreja, donde le arrancaron un tumor, es una distinción real. Tri tri es tímida y Kitty es muy segura y no se llevan bien. El Mochi es reo, está mal castrado y cada tanto vuelve con un pedazo menos de piel. A la Coli la adoptamos porque su dueña se fue al Perú y preferimos que no haya conflictos diplomáticos. Julio es el más chico; era el juguete preferido de Canela y de Shiki, hasta que me fui de mi casa y respira en paz. Creo que no me olvido de ninguno y si me olvido de alguno es porque tuve muchos. Mi hijo insiste en que Julio se llama Chiche, pero a quién se le ocurre ponerle un nombre tan feo a un gato. Creo que es porque lo desheredé.
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