viernes, 9 de mayo de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.

Diario de Amalia.

Llegamos a la casa de Karen. Todas las luces prendidas. Y música. Fuerte.
- Hola, mis amores- dice Karen.- ¿Vinieron a la fiesta?
- ¿Qué fiesta?
- Organizé una fiesta, ahora que tengo la casa libre. Me olvidé de avisarles. Perdonen.
Nos miramos los tres.
- Karen- dice Patri- la Peco...
- No me hables de ella, chichi. Si le quiere poner Bernardita a nuestra hija, todo bien. Si la quiere bautizar, todo bien. Ahora ¿tenía que decir todas esas boludeces adelante de Amalia y no me las podía decir a mí, que soy su esposa? Siempre la juega de buenita. Siempre es la víctima de todo y yo soy la mala de la película. Fantástico. Soy un poco mandona, lo reconozco, pero también le perdono un montón de costumbres horribles que ella tiene, como tejerme bufandas que están totalmente out. Igual las uso y me la banco.
Tengo ganas de esconder la bufanda. Tiene razón Karen, está totalmente out. El bordó no es un color de moda.
- Bueno- dice Germán- pero a Amalia se le está haciendo un poquitín difícil la convivencia.
- ¿La granola?- pregunta Karen.
Yo asiento con la cabeza.
- ¿El kiwi?
Vuelvo a asentir.
- ¿Puerto Pollensa?
- Por supuesto.- le digo.
- Ahora sabés lo que yo tengo que bancarme todos los días. ¿Ya redecoró el baño?
- Todo el departamento. Quedó divino.
- Espero que no se haya acercado a tu lavadero.
- No, no, Karen.
- Mirá, Amalia, yo te entiendo. Pero vos entendeme a mí.
- No, te entiendo, Karen. Te comprendo perfectamente. Es más, te entiendo más que nunca. No veo la hora de que se reconcilien. Por favor. Acórdate que cuando teníamos dieciséis me rompiste el vestido de lamé dorado, mío, el favorito, y yo te lo perdoné. Y que te regalé siempre buenos regalos de cumpleaños. y que nunca te dije que el negro azabache no te favorecía para nada como color de pelo.
- Me quedaba divino- dice Karen.- Miren, si quieren pasen a la fiesta. Pero por hoy no puedo hacer nada.

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