Paris era tan húmedo que Samuel pensó que moriría las primeras dos semanas. A Hoffmann, increíblemente, la ciudad le sentó bien, engordó un poco y visitó la tumba de Oscar Wilde. "Nunca seré famoso" le dijo a Samuel. "No famoso como Wilde, al menos, nunca escribiré The Importance of Being Ernest ni Salomé".
- Tus poemas no son malos- le dijo Samuel.
- No es eso. Es que ya no importa. Sabes, son como los cuadros de Tendrone o los de Marinetti o los de Mondrian. Hemos malgastado nuestra vida en espantar a los burgueses y ¿que obtenemos? Los burgueses son cada vez más decadentes, más parecidos a nosotros. Más radicales, inclusive. Inventamos nuevas vanguardias y nos seguimos vistiendo con terciopelos violetas, como hace un siglo atrás. Mientras tanto ellos compran nuestros cuadros, publican nuestros libros, escuchan nuestras óperas. El verdadero arte está muerto.
- Creí que querías morir como Rimbaud o como Stevenson. En islas salvajes.
- Hace rato que renuncié al mito del buen salvaje.
- Katherine dice, en cambio, que el tiempo de ustedes aquí está terminando. Que la bohemia loca deberá mudarse a otra parte.
- Nos mudaremos a otra parte, pero el mundo no cambiará por eso. Katherine, Laurak, Tendrone, quizás, no lo dudo. Te diré algo horrible: cuando ellos tengan que marcharse, París, Berlín, Europa entera serán un lugar más gris y aburrido, pero por lo demás será igual. Nadie saldrá a la calle pidiendo que los artistas regresen; los hombres y las mujeres morirán en la guerra y quizás muera algun artista también, y a nadie le importará.
- ¿Cómo estás tan seguro de que habrá otra guerra?
- Oh, Samuel, ¿estás ciego? En los mercados, en los bares, la gente supura rencor. La Gran Guerra le quitó la piedad al Viejo Mundo; nunca murieron tantos por tan poco. Esta paz que vivimos está armada con pinzas de cristal. Incluso en la Rusia bolchevique las cosas están cambiando, los que cuentan la historia están cambiando la historia.
- No sé por qué me hice tu amigo. Tu visión del mundo es tan oscura.
- Estoy muriendo desde hace algunos años, Samuel.
- ¿No es eso lo que hacemos todos?
- Es cierto. Pero ahora sé que no moriré como otros. No iré a la gran América, como Tendrone planea, ni a Rusia, como Katherine. Volveré contigo a la ciudad y empezaré a escribir otras cosas. Y empezaré a vivir otra vida.
- ¿Por qué en la ciudad? ¿Por qué escribir? Ya dijiste que no basta con escribir. Hoffmann, sería mejor que fueras a Grecia, como dijeron los médicos.
- No cambiaré la vida de nadie si me marcho a Grecia. Quizás en nuestra ciudad algo pueda cambiar. He hablado con gente, conozco personas.
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