lunes, 5 de mayo de 2014

Un aire de familia. 5º parte.

La ciudad era tan distinta al pueblo que a Samuel le costó meses acostumbrarse. Encontró pronto un trabajo de corrector en un periódico en yddish e se hizo amigo del editor, Hans,  que era además el que escribía la mayor parte de las notas. Era un hombre unos años más viejo que él y había estado en la Gran Guerra ("la gran guerra que acabará con todas las guerras" reía irónicamente, mientras tocaba su pierna quebrada en tres partes). Apenas si les alcanzaba para comer. Algunos sábados iban al cine con Hannah. Samuel estaba secretamente enamorado de Louise Bay, una actriz que aparecía esporádicamente en las cintas de Buster Keaton. La niña crecía bien, y los meses transcurrieron tranquilamente, y un día apareció Katherine.
Katherine era modelo desnuda de un pintor apenas conocido amigo de Hans. Era también su amante. Katherine era medio inglesa y medio francesa y le gustaba pelearse con la gente. Tenía problemas con el alcohol y (probablemente) con la morfina. El cabello era como de fuego y los ojos eran negros y le gustaba jugar al ajedrez. Y hablar sobre ajedrez.
- Te has enamorado de ella- le dijo Hans a Samuel con una sonrisa.
- No es cierto.
- Es muy hermosa.
- Estoy casado- contestó él.- Tengo una hija.
- Entiendo- terminó Hans.- Mejor me callo.
Tres días más tarde, en un cuarto donde aún se olían el óleo fresco y la trementina, Samuel desnudaba a Katherine por primera vez. Después de tener sexo con ella, le preguntó que debía hacer.
- Estoy enamorado de tí.
- Que dulce.
- Hablo en serio. Y estoy casado y mi mujer es muy buena y mi hija es muy bonita.
- Oh- dijo Katherine. - Pero eso ya lo sé. Además, son los años veinte. Y el pintor para el que poso también está casado. Por segunda vez. La mujer es alemana y está metida hasta la coronilla en ese nuevo partido alemán, ¿lo conoces? Nacional socialista.
- Sí. Hitler.
- Odian a los judíos y a los comunistas. Son una manada de bestias. Por suerte estamos lejos de ellos. Tan lejos. La mujer de mi pintor sabe de mi existencia y le asegura que yo tengo una abuela judía oculta.
- ¿Y él que dice?
- Ante ella no me defiende, eso es seguro. Así que tu Hannah y la pequeña Judith, a su lado, me parecen adorables. Cuídalas. Sabes, la otra noche soñé que esta ciudad estaba llena de perros negros, que devoraban lo que encontraban. No es cierto que tengo una abuela judía, pero tengo una abuela gitana. Espero que no sea premonitorio.
- Sí, eso espero- respondió Samuel. Nunca había pensado, hasta ahora, en el partido nacional socialista, en Alemania, ni en Hitler. Eran noticias lejanas de un país cercano. "No creo" se dijo. "Es una locura".



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