¿Qué hogar me acogerá? ¿Entre qué valles
Tendré mi puerto? ¿Bajo qué arboleda
Construiré mi morada? ¿Qué hondo río
Me dará la canción de su murmullo?
Wordsworth
Dion. Oasis de Dion.
Veltrán, se dijo. Eliza ha regresado.
Pero no era ella.
Veltran cargaba tres bultos, tres niños. Uno de ellos muy gordo. Detrás de ellos venía una mujer joven, a la cual no reconoció al principio. Después sí.
Melinda, le dijo a la Dama Blanca, despierta. Es Lisbeth.
Melinda se desperezó. Pareció no entenderlo.
Es tu hija. Tu hija con Veltran.
La Dama Blanca se levantó y salió del refugio.
Hola, madre, dijo Lisbeth.
Hola, hija.
Ha sido un desastre. ¿Por qué enviaron a los hijos de Sarar? Han muerto demasiados.
Sarar le dijo a Eliza que no fuera.
Tuve que escapar, dijo Lisbeth. Saben la ubicación de Leonore, ella espera a Pauline y a Rodrick, le tenderán una emboscada. Estos niños me ayudaron, los traje, quizás puedan hacer algo con ellos.
Melinda le pegó a Lisbeth en la cara.
Hace tantos años que no te veo, dijo la Dama Blanca. Tantos. Ellos te llevaron, ellos te tuvieron cautiva y ni quiero imaginar que te hicieron. Y todo por tu tozudez. Te dije cuando vimos sus rituales y a tí te parecieron tan crueles, que no te metieras con ellos. Y un día te apareciste con él. Y dijiste que no podías dejar que lo ahogaran. Y luego comenzó la guerra y después de la primera batalla, mientras todavía llorábamos a Amaparo y Oregon, descubrimos que habías desaparecido. Ahora traes más niños.
Dama Blanca, dijo Dion.
Qué.
Yo también he sido un niño esclavo. Sé lo que significa. Estos niños están gordos. ¿Sabes que quieres decir? Serán sacrificados en los ritos de la primavera. Los niños esclavos que sirven para otras cosas son delgados y tienen marcas de látigos en sus espaldas.
La Dama Blanca aún no parecía calmada.
Ya sé que debería haberme muerto. Calladamente, como aconsejaban los doctores. No puedo hacerlo. No pude hacerlo. Veía tu rostro todos los días, Lisbeth, y sabía que tú morirías conmigo. Y entonces apareció Sarar.
Lisbeth no contestó. No parecía nerviosa por la reacción de la Dama Blanca; Dion se dió cuenta que durante su largo cautiverio se la había imaginado muchas veces.
¿Está aquí Sarar? preguntó.
No, está con Tiffanny, respondió la Dama Blanca. Pero Henry está aquí.
Despiértalo. Arguil y el Rey saben que Pauline y Rodrick son la clave para la Máquina.
¿Y ya saben donde está?
No tardarán mucho en averiguarlo, fue la parsimoniosa respuesta de Lisbeth.
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