viernes, 28 de febrero de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia.

Diario de Germán.

No sé que hacer. La grasa del choripán me manchó la camisa Lacoste. Yo me quiero morir. Javier se mató de la risa, y Karen y Amalia también. Me encantó el viaje y me gustó el acto, aunque había mucho bombo. Karen me dijo que se enteró de lo que me pasó, y que Gretel fue a hacer lío a la casa de ella, y dijo un par de cosas más acerca de mi ¿ex? ¿actual? prometida que no voy a reproducir acá. Y dijo que tengo que hablar urgente con la Peco, que hace tres días que llora. Eso me dejó un poco culpable.
Lo mejor del día fue que conocí a una chica. Se llama Aldana y estudia Filosofía en la UBA. Me abrazó durante el acto y yo la abrazé también. Está bastante bien. Es casi más linda que Gretel, aunque no tan linda como Patricia. No es exactamente kirchnerista, me contó después, sino que milita en la FEDE.
- ¿Que es la FEDE?- le pregunto yo como un boludo.
- La Juventud Comunista- me contesta ella.
O sea, me puse medio de novio con una comunista. Le di mi número de celular, pero no le dije nada que vivía en Recoleta. Ni que soy del PRO. Me dio un poco de vergüenza.
- El sábado, si querés- me dijo- podemos ir a ver a Kevin Jonhansen.
Yo le dije que sí. Esto es como vivir una doble vida. Por un lado estoy comprometido con una chica del PRO, que sabe que vivo en un tres ambientes de Recoleta y por el otro lado voy a salir con una comunista, que según parece vive en La Boca, en una pensión. Es una doble vida. Me siento miembro de la CIA, miembro de la KGB, miembro del FBI. ¿Y si Gretel me ve con esta chica? Todo el castillo de mentiras se va a desmoronar. Aldana se va a enterar que soy rico, que soy un burgués y me va a odiar. ¿Puedo vender mi departamento e irme a vivir a un monoambiente en San Telmo? Mis viejos me matan; el depto me lo compraron ellos. Por lo menos tengo que cambiar el auto. Aldana no va a querer salir con un chico que tiene un auto importado. Aunque por ahí no se da cuenta. No notó la camisa Lacoste, el pantalón Armani ni el perfume que llevo. Tengo que comprar urgente ropa en Once, e ir a un supermercado a comprar Axe. Puedo rayar mi auto y doblarle un poco la antena. Ya tengo todo planeado. James Bond es un poroto al lado mío.
- ¿Te gusta Kevin Jonhansen?- me pregunta ella. Creo que si quiero la beso.
- Me encanta- No tengo ni puta idea de quién es Kevin Jonhansen. ¿Será un DJ? ¿Será un gurú? ¿Será un filósofo, como Jose Pablo Feinmann?
- Kevin Jonhansen es cantante- me dice Amalia dos horas después, cuando volvemos a su departamento. - Down with my baby, La Procesión, no sé si te suena.
- No, no me suena- le contesto yo.
- Germán es un marciano- le contesta Karen- Escucha solamente a Vivaldi y a Mozart. Es de las escasas personas que últimamente van al Colón sin celular. Oh, la Kultur, la Kultur. Lo tuyo es glorioso, Germán. Pasas de una del PRO a una comunista. Tus viejos se van a matar de la risa.
- Todavía sigo comprometido con Gretel- les contesto yo, con mi mejor cara seria.
- Anda- dice Javier. - Yo ví como la mirabas a la chica y no te culpo. Está re buena.
- Bueno- les digo yo- sí, es linda. Pero yo soy rico y ella es pobre. Y encima es comunista.
- Te va a expropiar todo- me dice Amalia.
- Claro- la sigue Karen- además es fama que los comunistas se comen al primer hijo crudo. Mejor hacete una vasectomía.
- Lo nuestro es imposible- la sigue Javier y se mata de la risa- Las diferencias de clase son insalvables. Y te vas dando un portazo.
Me pongo colorado mientras los otros tres desgraciados se ríen de mí.
- Yo les aviso- digo al final, para por los menos hablar último- yo voy a seguir siendo del PRO.
- Entonces vas a tener que tener dobles servilletas en el casamiento: algunas amarillas y otras rojas, con la hoz y la guadaña- me dice Karen.- Y de música de fondo Queen y la Internacional. Yo eso no me lo pierdo.



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