Los argentinos tenemos un problema patológico con el dólar. La obsesión por el billete verde está en el origen de nuestros males económicos, pero casi todos se rinden ante su influjo. Los dueños de inmuebles comercian y fijan alquileres valuando sus propiedades en dólares. Los productores agropecuarios hacen sus cuentas en dólares, igual que los importadores de chucherías, los exportadores de acero, los autopartistas o las concesionarias de motos. Los empresarios, incluso aquellos cuyos productos no tienen ni un gramo de insumo importado y venden todo en el mercado local, miden su renta en dólares. Los trabajadores que pueden ahorrar se desesperan por acolchonar moneda estadounidense y el 10 por ciento de los asalariados que paga ganancias llora porque el pago de impuestos limita su capacidad para embucharse con retratos de George Washington. O así era, al menos, hasta ahora. Porque la ola de histeria verde que en estos días se abate sobre el país parece haber alumbrado una inédita alianza compuesta por empresarios, comerciantes y sindicalistas que se dicen dispuestos a enfrentar el espejismo especulativo que promete ganancias rápidas, pero a cambio de sembrar pobreza, desempleo y destrucción del tejido social.
La mayoría de los economistas coinciden en que la histeria nacional por el dólar comenzó con el Rodrigazo de 1975, cuando el entonces gobierno de Isabel Perón convalidó una brutal devaluación de 160 por ciento que derivó en una espiral inflacionaria y el consiguiente caos político que allanó el arribo del sangriento golpe cívico-militar. Lo que los economistas del establishment no dicen –y tampoco los medios que por estos días agitan ese fantasma– es que Celestino Rodrigo le puso firma y apodo a la devaluación, pero que el verdadero ideólogo del sablazo fue su viceministro, el banquero Ricardo Zinn. Quintacolumna en el gobierno peronista de la incipiente patria financiera que terminaría de consolidarse con José Alfredo Martínez de Hoz, Zinn tenía como misión licuar las deudas empresarias antes de que el futuro gobierno impusiera un nuevo paradigma en la economía local. Lo logró a medias con la devaluación. La tarea se completó en la dictadura, cuando el entonces director del Banco Central, Domingo Felipe Cavallo, estatizó la deuda privada y patentó una de las mayores estafas económicas en la historia del país.
No es casual que los economistas encubran el rol de Zinn en el Rodrigazo. En ese ambiente, el banquero es considerado por muchos como un héroe que ayudó a fundar el capitalismo financiero en la Argentina. Hay que reconocer que el hombre fue tenaz. Después de idear el Rodrigazo, Zinn trabajó junto a Martínez de Hoz, asesoró a varios bancos que conspiraron contra el gobierno de Alfonsín, y volvió a la función pública en la presidencia de Carlos Menem para cumplir la depredación de la cosa pública que él mismo había pronosticado tras el golpe del 1976, cuando dijo: “Achicar el Estado es agrandar la Nación”.
Zinn murió –impune– en 1995, pero su aporte al establishment sigue vigente: la obsesión del argentino promedio por el dólar es la herramienta más eficaz para desgastar y debilitar a un Gobierno que, con luces y sombras, resucitó nociones de justicia social.
La histeria verde que en estas horas conmueve a la Argentina comenzó a derramarse en 2011, luego de una corrida cambiaria que sucedió a la reelección de Cristina Fernández. A modo de escarmiento, y para evitar que la fuga de divisas siguiera lacerando la cuenta comercial del país en un marco de restricción externa, el Gobierno dispuso el cepo a la compra de divisas. Pero el remedio, por su efecto psicológico, resultó peor que la enfermedad.
La anulación del mercado cambiario oficial alimentó un mercado ilegal, cuya cotización fue utilizada por medios, políticos y economistas opositores para establecer un nuevo parámetro en la economía real. Esa tensión fue la que detonó, tras varias jornadas de deslizamientos y una sospechosa corrida protagonizada por cinco bancos y la petrolera Shell, una importante devaluación de la moneda, acompañada de una reapertura parcial de la compra-venta de divisas para atesoramiento. Como era de esperar, varias empresas y comercios trasladaron a las góndolas el incremento del dólar, alimentando el temor sobre una escalada de precios a las puertas de las paritarias. Para aventar fantasmas, el Gobierno blandió el acuerdo de precios y amenazó con aplicar sanciones en caso de observar incrementos injustificados. Pero en el equipo económico saben que no bastarán los inspectores de Comercio para detener una estampida. Para evitar que esa historia trágica se repita, será imprescindible que los empresarios, esta vez, no se suiciden en manada frente al altar del negocio financiero y, por el contrario, sostengan el mercado doméstico que hasta acá les dio de comer. Y mucho más también.
Tras la rápida remarcación de las cadenas de electrodomésticos durante el jueves 23 por la tarde, los que fueron a comprar durante el fin de semana del 25 y 26 de enero, por temor a otra disparada del billete verde, pagaron hasta un 30 por ciento más en electrodomésticos y productos de electrónica que el costo del mismo producto el lunes 27 y los días subsiguientes. Desde la tarde del lunes, las cadenas, con un valor de dólar más claro, comenzaron a bajar sus precios, aunque no anularon totalmente los aumentos. Una diferencia clave fue que hasta el jueves 23 había promociones y planes de pago de hasta 18 cuotas, después de la remarcación, apenas quedaron en 12 cuotas. Tras el anuncio del ministro Axel Kicillof del miércoles 29, que ordenó retrotraer los precios al 21 de enero, permitiendo a electrodomésticos un un aumento de 7,5 por ciento, resta esperar qué ocurrirá.
Un sondeo de Veintitrés entre distintos sectores de las fuerzas productivas indica que, esta vez, son varios los que aprendieron la lección. En especial en el sector PyME, dónde abundan los sobrevivientes de las políticas alumbradas por Zinn, Cavallo y Martínez de Hoz. Algunos sectores como textiles, calzados, juguetes y metalúrgicos, que representan más de un millón de puestos de trabajo, se reunieron y emitieron un comunicado: “Repudiamos las maniobras especulativas contra la paridad cambiaria que ponen en riesgo el equilibrio de la economía y de la cadena de valor productiva, generando incertidumbre que, sin duda, puede ser aprovechada por los sectores que buscan erosionar el poder político en forma anticipada”.
Norberto Taranto, vicepresidente de la Asociación de Fabricantes de Autopartes y Componentes (AFAC), quien fabrica juntas, retenes, sistemas de embriagues y tornillos –y tiene además una empresa agrícola–, da trabajo en total a 880 personas y facturó 65 millones de dólares en 2013. Sobre la actitud de empresas como Shell y algunos bancos opina: “Me parece mentira lo que hizo Shell, su presidente fue elegido por una revista y por decisión de sus colegas como empresario del año, si realmente hizo lo que hizo es el peor empresario del año. Ni las empresas ni los bancos que participaron merecen una buena calificación, no se puede presionar así a un Gobierno, estés o no de acuerdo, me parece un disparate total. Es un disparate el dólar a 13 pesos. No hay duda, necesitamos un empresariado nacional más comprometido”.
Otro de los sectores que más creció fue el de juguetes. Matías Furió, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, opinó de la situación actual: “Venimos de 10 años de crecimiento en nuestro sector, hay que estar tranquilo y ser responsable, no desesperar. Las ganancias mes a mes se reinvierten en materia prima y matricería. Especular en los negocios, como en la vida es malo y a larga y a la corta no se llega a buen puerto. Nosotros seguimos vendiendo a los mismos valores que en Reyes”. Por ahora, están haciendo stock para prepararse para el Día del Niño en agosto. Desde la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra), su presidente, el ingeniero Gerardo Venútolo, señaló: “Especular es negativo para el país, es perjudicial porque hay un daño social que hasta en los países desarrollados se ve. El martes hubo algunos signos positivos del sector de la siderurgia que congeló precios a un valor referencial del dólar oficial. Este es un momento de inflexión, y es clave en este período que nos toca vivir cómo se define el esquema productivo o caemos en la cocina del sector financiero donde no hay daños colaterales para ellos, y sí en cambio para los demás”.
Desde el lado de los trabajadores, se escucharon varias voces, entre ellas la de Hugo Yasky, secretario general de la Central de Trabajadores Argentinos: “Sin renunciar a sus banderas históricas, ni ceder en la puja distributiva de las mesas paritarias, los trabajadores entendemos que desde la Sociedad Rural, el poder financiero, los bancos extranjeros, los grupos empresarios más fuertes, las principales corporaciones mediáticas y las multinacionales, como el caso de Shell, trabajan ferozmente para generar un clima de desmadre de la economía”. En la misma senda, Jorge Lobais, secretario general de la Asociación Obrera Textil, alineado a la CGT que lidera Antonio Caló, fue claro: “Hay movimientos especulativos desde varios sectores, es necesario meter en órbita a algunos que están pasados de rosca con la remarcación”.
Más de 25 intendentes del conurbano bonaerense firmaron el miércoles 29 una solicitada bajo el título: “No permitiremos que se trunque el sueño de la vivienda propia por los que especulan sin justificación” y aclararon que era “contra los abusos en los precios de la construcción” en defensa del programa de vivienda PRO.CRE.AR. Denuncian: “En los últimos días se han observado incrementos injustificados en los precios de ciertos insumos de la construcción en corralones y comercios del rubro. Se trata de aumentos sin sustento, ya que no existen razones técnicas para un incremento de los costos, debido a que no los ha habido en los insumos, en el combustible, en la logística, ni tampoco subas salariales recientes”. Como presidente de la Cámara de la Construcción, el ingeniero Gustavo Weiss, se suma al reclamo: “Estamos consustanciados con la política de sostenimiento de precios para tratar de que la devaluación se traduzca en una estructura de costos y no por encima. La industria de la construcción creció en los últimos tiempos y va a seguir creciendo este año, pasado el momento de convulsión. Es necesario llegar a un consenso similar al de los precios cuidados. Tengo fe en que las cosas van a encaminarse. Todos los actores del mercado –claro que hay excepciones– esperamos que las cosas se normalicen”.
Pero los intendentes no fueron los únicos que denunciaron aumentos. Miguel Ángel Calvete, director ejecutivo de la Federación de Supermercados Chinos, puntualizó: “El pasado viernes 24 presentamos una nota ante la Subsecretaría de Comercio Interior denunciando a la empresa Arcor por aumentar sus productos en un 25 por ciento”. Dueños de supermercados también decidieron tomar cartas en el asunto y ejercer un control más exhaustivo de los precios. En un súper de Pinamar, el propietario decidió ir a la góndola de shampu y colocó él mismo carteles con la inscripción: “No compre Pantene porque aumentó un 40 por ciento” y “No compre Elvive por aumento excesivo”. Si los consumidores también ejercen su derecho de controlar y denunciar abusos de precios, si el Gobierno ejerce un control de precios más férreo y comienza a surgir un empresariado más comprometido con el país, es posible comenzar a poner entre todos un freno a la especulación.
Informe: Jorge Repiso
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