Sarar. 2015. Tri Be Ca, New York
All my life you are haunted me
I love you so
Iggy Pop
Hola, le dijo Penny y le dió un beso. Creo que estamos todos, dijo Sarar. Todos menos Enrique, que vive en Brasil. En un rincón del restaurante estaban Amparo y Oregón, con Eliza sentada en la falda de Amparo, vestida de rosa y con dos moños azules en el pelo. Oregón si apenas hablaba desde que Sarar le había contado su plan a ambos; Amparo, en cambio, le había dado tres besos en la mejilla y le había dicho que aunque sus madres eran unas feministas anarquistas - Penny y Ludmila se habían reído como locas ante esas palabras- él iba a ser el padrino de su hija. Melinda y Lisbeth bebían agua mineral y masticaban algo parecido a semillas. Rodrick observaba a Sarar como si no pudiera creer que el ídolo de su adolescencia estuviera ahí, hablándole como a un adulto y sirviéndole cerveza irlandesa. "Debo contárselo a Pauline"se dijo y la imaginó yendo a un cine a ver los Aristogatos por cincuentésima vez. Sí, pensó Rodrick, debe estar comiendo pochoclo en el cine y dentro de poco me enviará un mensaje de texto pidiéndome que pase a buscarla. Dormirá en mi departamento esta noche, quizás, se dijo. La amistad entre el hombre y la mujer no es imposible, decía siempre su padre, siempre que el hombre no piense que sería mejor acostarse con ella que ser su amigo. Reflexiones de un hombre de mundo, suspiró Rodrick. Yo solo tengo veinte años.
La primera en hablar fue Melinda, con su voz educada en los mejores colegios de Cambridge ("tengo una maestría en literatura medieval, querido" era su frase preferida cuando su marido quería discutirle acerca de algo). Cual es el plan, vendí todas mis pertenencias, Sarar, espero que sea por algo bueno. El plan es evitar la muerte, fue la repuesta de Sarar. Rodrick, este chico aquí sentado, ha descubierto un insecto muy interesante. No es exactamente un insecto, dijo Rodrick en voz muy baja. Es una especie de cienpiés acuático. Si se mezcla su baba con una dosis mínima de estricnina y de estragón, entonces... La vida de los ratones de laboratorio se alarga, casi sin explicación. Lo descubrí después de largos meses y quería publicarlo en una revista científica, pero no pude. La inmortalidad, dijo Lisbeth. Es imposible. No hablamos de inmortalidad, solo de alargar la vida, de trampear la muerte. Sarar los miró a todo. Melinda, te estás muriendo. Tu hija de dieciséis años está llorando en los rincones mientras te aplica la morfina. Amparo, Oregon, si no recurrimos a estas medidas extremas Eliza será dentro de poco un cadáver en una tumba pequeñita. Debemos olvidarnos de la moralidad, de la inmoralidad, de todo y apostar esta vez. No sé si es un buen uso de mi experimento, dijo Rodrick. No creo. Aún no estoy seguro, la ciencia nunca es exacta, siempre existe la posibilidad del error. Amparo se largó a llorar. Rodrick la miró y miró a Eliza. Era rubia, como debía haber sido Pauline de niña, cuando miraba películas de Disney en su cuarto de princesa. Oh, que demonios, dijo Rodrick, lo haré, los ayudaré, aunque no sé que puede resultar de esto. Su teléfono celular sonó. Hola, Rodrick. Se me rompieron los zapatos y no puedo seguir caminando con esta llovizna. ¿Puedes pasar a buscarme? Sí, Pauline, dijo él.
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