martes, 11 de febrero de 2014

La muerte de un rey. 13º parte

                                                                            En la vida todo es ir a lo que el tiempo deshace;
                                                                            sabe el hombre donde nace
                                                                            y no donde ha de morir
                                                                                             Juan Antonio Correjter

                                                                                        Pauline. Delta de Siam.

Despierta, Rodrick, dijo Pauline. Están buscando la máquina.
Rodrick se desperezó. Quiénes, preguntó.
Todos, contestó Pauline. Los Mil (Eliza, claro, pero también Sarar y Melinda), el rey, ayudado por Lisbeth, Rilench, Dion.
Maldita sea, pensó Rodrick, estoy otra vez en esa pesadilla. Tengo veinte años y Amparo llora enfrente mío y yo pienso en Pauline y digo que sí y luego...
Que vamos a hacer, dijo él.
Escapar, no nos queda otra, Rodrick. Estamos otra vez entre el diablo y el ancho mar azul. Después de un instante ambos se rieron con ganas. Eran sobrevivientes.
Eliza nunca va a revelar nada, si nos encuentra. Nos adora y lo sabes, dijo Pauline.
Oh, sí, fue la respuesta de Rodrick. Al menos eso creo.
En cuanto al resto. La tentación es tan poderosa. Sarar, oh, es el más peligroso.
Ni me lo digas. Cada vez que lo veo tiemblo. Y Melinda...
Por Dios, dijo Pauline. Sacó el rosario que siempre llevaba en su bolsillo. Tendría que rezar, dijo ella. Rodrick le acarició el cabello.
Tu sabes mejor que yo que es inútil, le dijo.
Pauline sonrió. La tristeza le sentaba mejor que la alegría, se dijo Rodrick.
Donde podemos ir, pensaron ambos.
Henry construyó un refugio hace trescientos años, cerca de aquí. Si los mapas no mienten. Ahora debe estar rodeado de yunga, pero, a fuerza de machetazos.
 Rodrick sopesó las palabras de la quinta general. Podría ser, podría ser. Ambos se sintieron un poco sureños perdidos en una cuento de Lovecraft.
¿Hay mestizos en ese camino?
Claro, repuso Pauline, claro que hay. El delta está poblado de mestizos y de tribus que no responden al rey ni a los Mil.
Si nos atrapan...
Siempre han sido bondadosos con nosotros, repuso Pauline. Uso el I Phone y los encanto con música... Los Aristogatos. Nunca me hubiera imaginado que una película de Disney tuviera tanto efecto.
Quizás porque aquí solo están Titán y Plato, son los únicos gatos que existen en este planeta.
Quizás. Espero que Melinda los cuide. Ella prometió...
Nosotros también prometimos y no cumplimos, dijo Rodrick.
Era demasiado el sacrificio que nos estaban pidiendo, dijo Pauline. Hicimos bien en romper nuestra promesa. Ser inmortales no significa carecer de ética.
Borges dixit, repuso él. Empezó a desarmar el campamento. Pauline embaló la máquina, con una mueca de disgusto, como un gesto repetido tantas veces. Por suerte confío en Rodrick y en Eliza, se dijo ella. Por suerte.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario