1946
Las patas en la fuente, dice mi viejo, todo por el aguinaldo, todos pusimos las patas en la fuente de Plaza de Mayo. Mi viejo se mata de risa y mi vieja también, ahora con el aguinaldo le vamos a comprar una camisa nueva a Agustincito y pantaloncitos largos, ya es hora. Yo me pongo colorado y mi vieja me besa. "Anda a ver unas vistas con tus amigos" me dice, una de Sandrini o una de la Eva. Me gusta ir al cine y la verdad es que estoy un poco enamorado de la Eva Perón, aunque sea la mujer del General. La vi en "La cabalgata del circo", que linda la chica, tan rubia y esos ojos oscuros. Ninguna de acá es así, ninguna tiene ese aire de princesa del pueblo. Las chicas con las que salimos son modestas de todo percal, les gustan Agustín Magaldi y los boleritos cubanos y escuchan radioteatros. Quieren casarse con algún príncipe, pero acá todos somos torneros o mecánicos o almaceneros o albañiles o hijos de torneros. Alguna más afortunada consigue un doctor de la docta Córdoba; el resto escucha valsesitos de Strauss mientras cosen el ajuar. Ninguna es como la Eva; hasta mi viejo está un poquito enamorado de ella, y mi vieja lo carga. "Está con el General, es Primera Dama, mirá que te va dar bola a vos" le dice y mi viejo se rie por lo bajo y le da un beso a mi mamá.
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