martes, 11 de febrero de 2014

Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia

                                                                     Diario de Germán

Me llama mi mamá para decirme que Karen va a hacer un baby shower y que si puedo ir con Alberto. Por qué con Alberto, le preguntó yo. Está medio deprimido, la boluda esa se fue con el nene un mes a Miami y no tiene que hacer. Está bien, digo yo, para no discutir. Cuando mi hermano está deprimido dan ganas de matarlo, no de cuidarlo; Ernesto Sábato es un poroto al lado de él. Lo llamo por teléfono y lo convenzo de ir. Enseguida me llama Gretel.
- Hola, my love- Gretel siempre habla mezclando palabras en inglés- Ya tengo los votos matrimoniales. Me los mandó un contacto del Facebook. "Si te quiero es porque sos mi amor, mi complice y todo, y en la calle codo a codo somos mucho más que dos". ¿No es divino?
- Si- le contesto yo. No tengo ganas de decirle que ese poema lo escribió Benedetti y lo cantaron  Sandra y Celeste hasta el cansancio. Además ¿quién es ese contacto de Facebook?- Es muy lindo. Karen va a hacer un baby shower el sábado. ¿Vas a ir? Yo sí.
- Voy a ver- me contesta, un poco seca. Gretel odia a Karen, no porque sea lesbiana, sino porque yo un día le conté que fue mi primer amor. Desde entonces hay entre ambas una guerra filosa y aceitada, de la que me mantengo sabiamente apartado.
Bueno, llega el sábado. Me baño y me cambio, consigo que Alberto se bañe y se cambie (ya pasó los treinta), y vamos en taxi a Villa Crespo con un set de perfumes Petit Enfant. Nos recibe la Pecosa, la mujer de Karen, que es la que está embarazada.
- Hola, mis amores.- Nos da un beso en cada mejilla. Le damos el regalo- Gracias, gracias. No hacía falta, realmente. El bebé va a tener de todo. Además, estamos tan contentas. - Ahí aparece Karen, que le da un beso a la Pecosa y nos sonríe.
- Sí, estamos felices- reafirma ella.
- Además- dice la Pecosa- están todas mis amigas de la secundaria. Alberto, dale, las chicas siempre te levantaron el ánimo.
- Más o menos- refunfuña Alberto. Y entonces Karen grita "Julian" y Alberto pone una cara terrible, porque por la esquina, con un enorme oso de peluche y acompañado de una pelirroja despampanante viene Julián. "La puta que los pario" dice mi hermano por lo bajo y yo ruego que esto no termine en un duelo criollo.
- Hola- dicen Julián y su novia. Es un muchacho bastante lindo, pero tiene una cara de garca terrible. La Karen, que nunca se da cuenta de nada, dice "Julian, Alberto, German" y se queda mirando a la compañera de Julián, que todavía no tiene nombre ni apellido.
- Es francesa- dice Julián- No habla una palabra de español, la mujer ideal.
Yo quiero que me trague la tierra. Estamos todos ahí, en la puerta, y entonces aparecen dos chicas. Una bajita, morena y delgada (bastante parecida a Julieta Venegas, muy linda) y la otra una castaña divina con un vestido rojo infartante y zapatos de taco alto. Cuando lo ven a Julián la más linda se pone pálida y se queda quieta unos minutos.
-Hola, Patri- dice él, sonriendo.
- Hola y la puta que te parió- dice la que probablemente se llame Patricia.- Me dejás porque sos bisexual, porque yo no te comprendo (me corneaste con todas las mujeres del país, eso sí lo comprendo), buscas tu vocación de pintor, de artista, y te aparecés dos semanas después con una boluda parecida a mí que se llama ¿cómo te llamás, querida?
- Monique- contesta la francesa, que parece que si entiende algo de castellano.
- Me puse mi mejor vestido y los zapatos Laboutine que me llevaron tres meses de sueldo para venir acá. Para sobrellevar el duelo de haber perdido al gran Julián- se saca los dos zapatos y apunta con el taco de uno de ellos a Julián. No quisiera estar en sus zapatos. - Andate de acá o te mato, Julián. Anda a pasarla bien con Monique a un telo y dejate de joder.
- Sos una guacha- dice el otro, casi llorando.
- Andate- casi le grita Patricia y Julián, en un rapto de heroísmo masculino, le deja el oso a Karen, agarra por el brazo a Monique y se va por donde vino. Apenas se va Patricia se larga a llorar y la otra chica (que parece que se llama Amalia) la consuela.
- Disculpame- dice la Pecosa.- No tenía ni idea..
- No, disculpame vos a mí. Vos no tenés la culpa..
Alberto y yo nos miramos. ¿Tenés ganas de irte? le digo en voz baja. Ni loco, me contesta él. Desde mi primer divorcio que no me divierto tanto. Casi tengo ganas de reconciliarme con Adela, con eso te digo todo.

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