...mi Dios no juega dados, quizás
esté a mi favor
Redondos.
Raschid, Córcega, 2016
- Hola, Enrique- le dijo Raschid, mientras le abría la puerta. Detrás de Enrique venía un muchacho esmirriado y moreno, vestido de blanco. Le hizo recordar a su padre, a su padre llevándolo a visitar el templo de los monos en la espesura de la selva, cercana a la aldea donde había nacido. Después habían tenido que irse, escapándose de la deforestación y de las pestes. Habían terminado viviendo en Grecia, hasta que su padre murió de un aneurisma y lo adoptó su maestra de escuela. Su maestra tenía casi setenta años; había sido partisana durante los años de Mussolini. "Eres un geniecillo de la botella" le decía siempre "como lo de los cuentos de las Mil y una Noches". Ella descubrió que Raschid tenía una facilidad terrible para las matemáticas y gastó sus últimos ahorros en matricularlo en la Universidad de Turín, donde al principio trataron de despreciarlo, pero al advertir que el muchacho moreno sabía más de fractales y de ecuaciones que muchos doctorandos fueron callándose la boca. Su madre adoptiva murió a los noventa años, orgullosa como pocas de que su geniecillo de la botella tuviera más diplomas y premios de los que podía colgar en la pared. Raschid aún la recordaba, y aún tenía su cama pequeña, diminuta y su fusil de partisana en el departamento de Córcega.
- Hola, Raschid. ¿Has hablado con Sarar?
- Yo le digo Francisco. Nunca le digo Sarar. Lo conozco desde pequeño, no lo olvides. Además, odio esa historia de la música punk.
- Yo también- dijo Enrique d´Oliveira.- ¿Sabes a quién le ha solicitado ayuda para este proyecto? A Melinda, la viuda de John Drake Ellington.
- Melinda tiene más dinero que Sarar, tu y yo juntos. Y no es idiota.
- No, por lo menos en lo que respecta a sus finanzas. Corren rumores de que ha vendido todo lo que tiene para ayudar a Sarar.
- No puede ser.
- El otro rumor que corre es peor. El rumor es que Melinda está muriéndose de cáncer terminal desde hace tres o cuatro año. Tiene un heredera, su hija, una adolescente.
- ¿Y que pinta en eso Francisco?
- Hay otros rumores. Estoy abonado a dos revistas científicas de la Ivy League. Soy amigo del director de una de ellas; me ha dicho que hace seis meses atrás uno de los investigadores juniors, un tal Rodrigo, le presento un trabajo que el rechazô porque no estaba completamente fundamentado. Rodrigo era uno de los mas prometedores estudiantes del campus, especialista en Biotecnologia. Ha desaparecido desde hace cuatro meses. No me quiso decir sobre que era el paper; pero seis meses atrás le envié un mail a Sarar avisándole que había encontrado un nuevo planeta, muy parecido a la tierra, con un continente similar a la original Pangea. El otro dia me entere que te habia contactado a ti, su amigo de la juventud, y luego supe que había hablado con Gaspar Leroux, Travis D'Onhofrio y con Leonore Blanchot. La creme de la creme en neurocirugía, química inorgánica y teoría de las cuerdas. Pero todavía no ganaron el Nobel, sin embargo. Ahora, la frutilla del postre. Sarar es padrino de Eliza, una niña de dos o tres años que fue diagnosticada con un mal que ni siquiera tiene nombre y que según todos los médicos que han consultado, la mataría en dos o tres meses. Ya paso un año y medio desde el diagnostico y la niña aun no murió. Como no murió Melinda, que estaba terminal. ¿Puedes sumar todo y te da algo?
Raschid se rió. Recordó nuevamente a su padre y a su madre adoptiva, el hindu fugitivo y la maestra partisana. Recordó a Francisco como había sido de muy joven; arrogante, cruel y al mismo tiempo cariñoso. Recordó el templo de los monos en lo profundo de la selva. Recordó un cuento de Saki, el de un niño ingles de pocos años que odia a su tutora y que le pide un favor al dios de los hurones, Sredni Vashtar.
- Todo es posible cuando lo quiere Sarar- le respondió a Enrique.- Tendré que llamarlo asi a partir de ahora.
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