lunes, 10 de febrero de 2014
Angélica Gorodischer
Hay que leer el libro Kalpa Imperial para darse cuenta que la literatura argentina tiene un gran futuro en el terreno de lo fantástico. O sino leer con placer Bajo las jubeas en flor, nouvelle delicada y alegórica. Amiga de Ursula K. L. Guin (la gran autora del ciclo Terramar, sin cuyo influjo sin duda no existiría Harry Potter), Angélica Gorodischer sabe llevarnos a esos otros mundos que están en este, como decía Paul Eluard. Mi primer contacto con ella fue en un cuento de la revista El Pendulo, maravilla que Marcial Souto editó y coordinó entre los setenta y los ochenta. Allí hablaba de un reino donde crecía el odio y la corrupción, y de pronto irrumpe un muchacho que sabe danzar. Algún día algún crítico determinará si ese cuento es una alegoría o no. Yo prefiero quedarme con la delicadeza de esa poesía interna, como la que existe en ese otro bellísimo cuento, Las luces del puerto de Waaljik vistas desde el otro lado del mar. Como lectora y como rosarina, comparto con Angélica Gorodischer el amor por el río, los árboles, y los cafés. Es bueno saber que tan gran escritora vive en Rosario y a veces quisiera pedirle disculpas por haberle robado tantas ideas a la hora de escribir.
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