martes, 25 de febrero de 2014

Dios y la patria

El otro día Steve Coogan dijo, en una entrevista televisiva, que los ingleses y los norteamericanos reaccionan diferente en cuanto a las religiones y la política. En Norteamérica es muy común que se invoque a Dios en cualquier discurso político; en Inglaterra, eso es un escándalo. En Argentina pasa lo mismo; Borges una vez dijo que solo los ingleses entendían la idiosincracia argentina. Al revés, probablemente también; los argentinos entendemos el espíritu inglés, y sino leer el Adan Buenosayres y al citadísimo Borges, que sabía más de Hume y de Francis Bacon que de La Paternal. Cada vez que un ministro, un diputado, un concejal recitan la repetidísima frase "O si no que Dios y la patria me demanden", los argentinos en general nos agarramos la cabeza porque la han repetido hasta el cansancio durante casi un siglo y medio, Argentina sigue siendo una pequeña bomba explosiva siempre y Dios y la patria nunca demandaron. Los conceptos abstractos en la política real sirven de bien poco; la gente, en abstracto, tampoco existe. La idea de la patria difiere según quien la pronuncie: para Videla era una cosa, para Alsogaray otra, para Menem otra, para Nestor Kirchner otra, para Mauricio Macri seguramente otra. Me parece que antes que mencionar la patria en cada discurso (o la provincia o el suelo natal) la mayoría tendrían que conocerla mejor, no dejarse llevar por los lugares comunes que se repiten en muchos medios (oficialistas, independientes, pertenecientes a un gran holding, eso no es en realidad relevante). Me parece que muchos de los conceptos que aparecen en los debates políticos indican más pobreza intelectual que otra cosa; un político está obligado a leer, a conocer, a argumentar, incluso a aceptar cuando su argumento es inválido la derrota. Eso es la democracia; la idea de que todos pensemos iguales y seamos felices dejemosla a Huxley y su Brave New World.

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