Diario de Germán
Atribulado, el martes (el lunes no fui a trabajar) convoqué a un consejo sentimental con el personal de mi empresa. Solo una de ellas es casada; el resto de ellas es soltera y enseguida se solidarizaron con mi condición de prometido engañado por su futura novia. Dos de ellas no la quieren mucho a Gretel, a la tercera le es indiferente; a la casada le parece que Gretel es buena chica, pero muy joven para casarse. A la quinta le parece que yo habré hecho algo para que Gretel me engañara, pero no me extraña porque se la pasa leyendo libros de Julia Kristeva y de Simone de Beauvoir.
- ¿La trataste mal en algún momento?- me pregunta con cara de reconvención.
- Un día le dije que no me gustaban sus aros- le contesté yo.
- Típico de un pensamiento patriarcal- me contesta. - Las mujeres necesitan libertad para existir, no vivir bajo el pensamiento machista dominante.
- Bueno- dice la casada, con voz un poco cansada (tiene un bebé de doce meses que no la deja dormir nunca)- pero si ese fuera el problema la pobre tendría que habérselo dicho. Además, el tal Julián no parece la mejor elección: cada mes una mina nueva, según la propia ex novia. Germán no será un santo, pero el otro...
- Según Patricia el problema de Julián es que es artista. O eso cree él, según la misma fuente, que no es muy generosa con sus cuadros.
- Yo salí con un escritor una vez- dice una de las promotoras.- Me volvió loca. Lo tuve que dejar. Se pasaba todo el día escribiendo en una máquina de escribir. De las viejas, de las Olivetti. Yo le dije que le compraba una compu y ahí nos peleamos.
- ¿Ves? Típico pensamiento de hombre. Seguro que vos le aportabas ideas para sus tramas..
- ¿Yo? No. A mi no me gusta leer. Leo a veces a Paulo Coelho y a Osho, porque traen muchas metáforas zen y porque los libros me los regaló mi madrina.
- ¿Y el libro sobre fotografía de Susan Sontag que te regalé?
- Bueno, la verdad es que no lo leí. No tengo tiempo. Disculpá, pero después que salgo de este trabajo tengo que ayudarla a mi mamá con el almacencito.
- Así nunca te vas a superar, nena.
- No me digas nena. Tengo un año menos que vos.
- Y yo ya estoy terminando mi tesis de Letras.
- Pero yo tengo dos trabajos.
No sé para qué convoco consejos sentimentales con mis empleadas. Siempre pasa lo mismo. Termina siendo una asamblea sobre el mundo femenino. Cuando les conté que me iba a casar, todas me felicitaron con mucha alegría, pero fue igual. La casada me contó que difícil era cuidar a un bebé de noche, y otra contó que su hermano se había casado tres veces, y la otra que su novio nunca se decidía por el casamiento. La chica de Letras contó que su pareja, que se llama Ariel, no es muy proclive al casamiento y que ella está de acuerdo, pero por razones distintas a las de él. Ahí empezó a disertar sobre tribus primitivas donde el poder reside en la mujer y todas la escucharon y yo me fuí a completar unos formularios.
- Pero ¿tendría que perdonarla o no? ¿Tendría que casarme con ella o no?
- Qué se yo- dice la casada. - Para mí tendrías que hablar con ella y preguntarle si te quiere a vos o a Julián o a ninguno de los dos.
- Hablar con ella... Es medio difícil...
- ¿Por qué?
Entonces tragué saliva.
- Porque no sé que decirle. Si la cosa hubiera sido al revés, yo creo que ella no me hubiera perdonado. O me hubiera perdonado muy a la larga. ¿Por qué tengo yo que perdonarla? Me engañó un poco antes del casamiento, y encima con el mismo tipo que le sacó la esposa a mi hermano. Lo último es un poco imperdonable, la verdad. Ella sabía quién era Julián cuando se acostó con él. Por ahí lo hizo a propósito, para lastimarme.
- Puede ser- dice la estudiante de Letras. Todas la miran.
- Bueno, yo digo.. Germán tiene un punto. Si la hubiera engañado con otro tipo, podría ser por amor. Ahora, justo con Julián. Que sé yo.
- Y entonces ¿que hago? ¿Suspendo el casamiento? Va a ser un escándalo.
- Mirá- dice la casada- si yo me hubiera enterado que mi marido, antes de casarse, me metió los cuernos hubiera suspendido el casamiento. No hubiera devuelto los regalos, claro, pero hubiera suspendido el casamiento.
- ¿No hubieras devuelto los regalos?- le pregunta la que lee a Osho.
- Y, no... El silloncito que me regalaron mis tíos de Junín es divino y las tres alfombras de Deco son divinas. Hacen juego con todo. No sabés como me quedó el living. Y el cuarto del bebé lo pinte todo de verde pastel y rosa fuerte.
- Que lindo- dicen todas.
Agradecido por la ayuda del consejo femenino, me fuí a mi oficina a calcular cuanto debo de Ingresos Brutos y de Ganancias.
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