Gaspar. New Orleans, 2016
slade of hand or twist of fate
in a bed of niles she makes me wait
U2
Se dió cuenta que nunca volvería la tercera vez que oyó tocar en el piano With or without you. Ni siquiera le molestó; durante años habían sido Mr y Ms Leroux, los doctores más prestigiosos de Louisiana, un matrimonio fiel y casi morganático. Todo cambió cuando a él le otorgaron el Premio Naciona de Ciencias. Todo empezó a resquebrajarse. La doctora Leroux empezó a irse más seguido a Africa y la India, a no contestar sus llamados, a omitir sus mails, a volverse cada vez más y más invisible hasta casi desaparecer. Era inevitable, pensó él, siempre le he sido fiel, siempre la he amado, pero ella ya no. La última carta, desde París, hablaba de nervios y de melamina y de funciones vitales. Abajo decía con amor, pero era casi un gesto, una costumbre.
Un mes después le había llegado la invitación de Sarar. No lo conocía, pero Melinda sí. No le había impresionado especialmente el hombre; era delgado y nervioso y más bajo de lo que esperaba. Para él sus únicos héroes eran los saxofonistas a la Charlie Parker; hombres negros y gordos, como su primer tutor en la Facultad de Medicina. Después conoció a Amparo, a Eliza y a Oregon. Ellos tampoco lo impresionaron, pero le cayeron bien. Sobre todo Amparo: era igual (o casi) a su hija menor. "Puede que en realidad sea tu hija biológica" le dijo ella bromeando "¿donaste esperma en algún momento?".
Nunca, le contestó él.
Si no hubiera sido por Melinda, nunca lo hubieran convencido. Pero la olvidada princesa de los Hamptoms fue dulce y severa al mismo tiempo: piensa en mi hija, que quedará huérfana. Piensa en Amparo. Piensa un poco, este descubrimiento es casi milagroso. Yo estaba muriendo y estoy aquí, viva. Sí, terminó diciéndole. Viajaré con ustedes. Ella nunca regresará.
Aún, sin embargo, esperaba un milagro.
Trabajar con Rodrick no era difícil: el muchacho era callado y bondadoso como pocos en el mundo científico. De vez en cuando contestaba el celular y se marchaba afuera del laboratorio; con el tiempo aprendió que el nombre de la muchacha era Pauline y no mucho más. Quiero casarme con ella, le dijo un día, pero es imposible; está por comprometerse con Harrison Kennedy. Si mi mujer llamara con tanta frecuencia como lo llama esa chica que está por comprometerse, se dijo Gaspar para sus adentros, jamás hubiera aceptado la oferta de Sarar. ¿Cómo es? le preguntó. Rubia, delgada, parecida a Reese Whiterspoon.
Igual a Reese Whiterspoon, corrigió Rodrick.
Piensa que soy un genio porque leí Harry Potter a los siete años, agregó.
Con eso basta, a veces, le respondió Gaspar, y siguieron midiendo proteínas y calculando densidades de materia orgánica.
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