martes, 18 de marzo de 2014

Wes Anderson

Es casi un miniaturista. De la escenografía, de la actuación, del vestuario. Sus películas son deliciosas y frágiles como casitas de muñecas. "Un reino bajo la luna" es tan encantadora, en su trama y en sus personajes, que una lamenta que la película termine. No hay nadie como Wes Anderson en el cine actual; conmueve sin ser demagógico, es estético sin ser alambicado. No tiene aparentemente género; no es dramático, no es trágico, su comicidad es la del cine mudo. Sus personajes son increíblemente ingenuos, aún los malvados. Uno puede  compararlo, pero probablemente el director más aproximado sea Tim Burton, maestro de conjurar lo negro y lo naif al mismo tiempo. Quizás lo más cercano a Wes Anderson no venga del cine, sino de la literatura. Roald Dahl, escritor de cuentos para niños y adultos de gran humor. No es ambiguo nunca; la infancia es retratada sin crueldad, como también la adolescencia y la adultez. Nadie crece en sus películas, nadie recibe una lección, nadie llora y comprende que se ha equivocado. La falta de catarsis aburre a muchas personas. Hay que ver sus películas como se contempla un huevo Fabergé o una escultura de Benvenuto Cellini: admirando al autor de semejante maravilla.

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