martes, 11 de marzo de 2014
Alejandro Urdapilleta
Eran los años 90 y había pocas cosas para ver en la televisión argentina. Es decir, para disfrutar. Lo mejorcito era el programa de Antonio Gasalla, que hacía un programa bárbaro juntando los mejores autores del underground. Era para morirse de la risa, de verdad. Y lo mejorcito del programa era el sketch de Urdapilleta y Tortonese, donde eran dos locas de verdad que se revolcaban por el piso y se decían de todo, para escándalo de madres, padres y abuelas. Yo no tuve la suerte de ver a Urdapilleta actuar muchas veces; lo que me acuerdo es ese sketch, repetido semanalmente pero por suerte siempre distinto, y un capítulo de "Mujeres asesinas" (por algo a los hombres no les gusta ese programa) donde hacía de un pai umbanda travesti que era la encarnación del mal. Después de ver ese capítulo uno lo odiaba. Odiaba al pobre Alejandro, que seguramente en persona era tranquilo y reservado, como la mayoría de los actores. Hace pocos meses de su muerte; leí todas las notas de recuerdo que salieron publicadas en muchos lugares, y ninguna le hace justicia. Era uno de los mejores actores argentinos, si no el mejor. El mejor por lo menos en que no tenía tics propios ni amaneramientos; cuando actuaba, el personaje se tragaba a la persona. Lamento que haya muerto, claro, pero me alegra haberlo visto actuar y admiro a la gente que tuvo el coraje de contratarlo para actuar a un ser aparentemente tan extraño al medio televisivo.
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