viernes, 28 de marzo de 2014

Nahuel Moreno

Ser troskista en cualquier lugar del mundo es difícil; en Argentina es casi imposible. Porque básicamente ser un troskista es admitir la posibilidad del error, de la equivocación. Por eso los primeros troskistas en la Argentina la pasaron tan mal. No eran ni comunistas ni anarquistas ni socialistas; eran una historia (una mirada de la historia) aparte. Entre esos primeros trotskistas estaba Nahuel Moreno.
Nahuel Moreno era un moderado en muchas cosas. La moderación -es fama- no tiene buena prensa. Su discusión política con Santucho en los años 60 y 70 llevó al quiebre del partido y a Santucho a crear el PRT y el ERP. Es evidente, desde esta época, que Santucho estaba equivocado en muchas cosas; lo mejor que puede decirse en su defensa es que su error fue compartido por muchos de otras ideas políticas. Pero lo más interesante de Nahuel Moreno fue su interés en discusiones y líneas de pensamiento que aparentemente poco tenían que ver con la "revolución". La antropología, el estudio de la problemática femenina y homosexual, la defensa de Piaget como uno de los grandes genios del siglo XX. Piaget no es un pensador interesante; mientras que Freud, Lacan y Jung se internan en las marismas del yo y de los sueños, a Piaget le interesa como construye un niño su inteligencia y su visión del mundo. No hay nada dramático en Piaget. Y sin embargo, si uno piensa que hoy en día hay chicos que pasan todas las horas de su vida jugando en la Play Station juegos ultraviolentos y, que cuando sus padres los llevan al médico, el médico habla de "falta de concentración", de DDA o de síndromes inexplicables que deben ser tratados con medicamentos psiquiátricos, uno empieza a pensar que el problema son los adultos y no los niños. Los niños de hoy no aceptan un no por respuesta, pero es cierto que los padres muchas veces no aceptamos un no por respuesta. Nos preocupa que nuestros hijos se aburran; es normal que un chico se aburra. Nos preocupa que odie la escuela; la escuela no le gusta a ningún chico, salvo por el recreo y los amigos. Nos preocupa que los otros lo vean como a un pequeño monstruo si es en algo diferente a un chico "normal". No existe un chico normal. Después nos asustamos por el cyberbulling y la crueldad entre ellos; a nosotros los adultos no nos preocupa la crueldad entre nosotros y lo llamamos juego social. A mi me parece que medicar a un niño o a un adolescente tendría que ser una medida extrema, que se toma solamente si se ve que tiene problemas gravísimos de personalidad. No ante cualquier mínima diferencia de lo que la sociedad sobredetermina. La verdad es que la sociedad actual está construída por adultos que juegan a volver a ser niños para librarse del peso de todas las consecuencias de sus actos: se psicoanalizan, se operan, buscan nuevas religiones menos comprometidas, compran desmedidamente o consumen desmedidamente y creen que consumir es la única forma de libertad que existe. No existe libertad sin responsabilidad; no existe el libre albedrío. Uno puede creer que lo tiene todo, pero ese todo en realidad no existe. La búsqueda de la felicidad es una empresa aparentemente noble, pero de un egoísmo injustificable. Me pareció siempre interesante que Nahuel Moreno rescatara a Piaget de las marismas de los pensadores menores; es mejor a veces alguien que no dice cosas geniales, pero que tiene razón, a un filósofo hermético (hay tantos) que lanza aforismos para sorpresa de sus acólitos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario