martes, 18 de marzo de 2014

La mala educación.

Como muchos en este país, me formé en la escuela pública. La Vigil en la primaria, el Nacional en la secundaria. Tuve muy buenos maestros (de los mejores, diría yo). Tuve amigos y amigas que iban a escuelas privadas, bastante caras. No eran definitivamente mejores; eran solo pagas, se segregaba a sus alumnos por su condición social, el pensamiento del consejo directivo del colegio era únivoco. Con un amigo profesor de Filosofía que ha dado clases en colegios privados discutíamos un día sobre la calidad educativa: el me decía que los alumnos de colegio privado tenían tan pocos argumentos como los de colegio público, solo que sus argumentos tenían más seguridad. Es decir, eran obcecados en el error. Este amigo mío es ya doctor en Filosofía, así que probablemente sabe mejor que yo de lo que habla.
La educación tiende a reproducir las diferencias de clase. O era así antes, cuando la única forma de aprender era ir a la escuela. Ahora ya no es así. ¿Para que mandamos a los chicos a la escuela? ¿Para que aprendan a sumar y a restar o a contar hasta diez en inglés? Eso lo enseña Discovery Kids. Recuerdo un texto de Adriana Puigross que se llamaba ¿Y a mí, para que me sirve la escuela?, pregunta que todos los niños y los adolescentes se hacen y que a los padres cada vez nos cuesta más responder. Si el niño es rico, la escuela no le sirve para nada. Podrían educarlo los padres, e igual terminaría entrando a una Universidad Privada (otro mito contemporáneo: las universidades que cobran para difundir el saber son mejores que las gratuitas porque...). Ahora, si este niño es indigente, o es pobre, o pertenece a la clase media baja, la escuela sirve un montón. Sirve para que tenga un oficio, para que se sociabilize, para que comparta, para que discuta, para que descubra su vocación de médico otorrinolaringólogo o de músico de jazz, para que descubra que no tiene talento para eso, para que se equivoque, para que tenga otra concepción del mundo que no sea la de sus padres (por más que nos esforzemos, nuestros hijos no viven en una burbuja). Lo último que veo es que los chicos ricos que tienen un I phone último modelo tienen las mismas dificultades de concentración, de formular un concepto, de analizar el mundo que tiene un chico nacido y criado en un barrio bajo de Villaguay. Tienen más dinero, no más cultura, ni mucho menos más educación. En realidad el chico de Villaguay está mejor educado, muchas veces. Yo creo que el problema de la educación (en general) no es si debería ser privada o pública y mucho menos el sueldo de los maestros, que desde hace cuarenta años o más vienen tapando todos los baches de la asistencia social en este país. El problema de la educación es para que nos sirve la escuela. Incluso a los padres; incluso a los maestros, aunque sé que esta pregunta no les gusta nada. Dejo de lado la universidad, porque considero que es un nivel educativo que es voluntario, no obligatorio, y por otro lado porque me parece una barbaridad el ranking de universidades que se publica en las revistas económicas. He leído a Peter Druker (economista liberal si los hay) en una universidad pública y en las universidades de Harvard se estudia la obra de Julio Cortazar, argentino que apoyaba a la guerrilla.

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