Diario de Amalia.
Para terminar de entender al tal Hoffmann, le pedí ayuda a mi amigo Raúl, que es ya abogado y cuyo padre aprendió alemán en Alemania (era ingeniero). "No te hagas problema, flaquita" me dijo. "Hoffmann escribió ese libro porque odiaba al público lector en general y el profesor Iparraguirre lo puso en la bibliografía porque odia a sus alumnos. Vos en realidad tenés que hablarle de tres o cosas muy puntuales..." y así me fue explicando y yo en ese momento me preguntaba por qué no me casé con Raúl, que entiende tanto de Derecho. Será porque su novio también es abogado, probablemente. Cuando la tarde promediaba, llaman a la puerta. Son Germán y Alberto.
- Hola, que tal.
- Hola- les digo yo, sin mucha simpatía.
- Hola- les dice Raúl. Me doy cuenta enseguida que a Raúl le gusta Germán. No lo culpo: Germán es un bombonazo, y tan atildado y tan tímido que es divino. Raúl jura que tiene un radar especial para los gays, lo que en su época de soltero le ha causado un par de disgustos. Patri y yo le solemos decir: "Que a un hombre le gusten el cine europeo de los años 60 no significa que sea gay. Puede ser que sea gay o puede ser que le guste ver suecas desnudas y ninfómanas" pero él no entiende.
- Estoy estudiando- les digo yo.- No sé si se dan cuenta.
¿Se irán después de esta descortesía? ¿Sucumbirán a mi mirada asesina? No, que va.
- Hace un calor terrible afuera- me dice Alberto.- ¿No tenés algo fresquito?
- Sí- me dice Raúl.- Yo también tengo calor.
- Me haría bien un vaso de agua- dice Germán.
Bueno, se ve que piensan que soy su mucama.
- El jarro con agua está en la heladera.- les contesto yo.
El único que caza la onda es Germán, que va hasta la heladera y saca el jarro y encuentra tres vasos limpios, no se donde.
- ¿No nos vas a presentar?- me dice Alberto, mirándolo a Raúl
- Ah, sí, Raúl, un abogado amigo mío. Ellos son Alberto y Germán. Viven en Recoleta y son del PRO.
- Che- me dice Alberto- el que es del PRO es mi hermanito. Yo no tengo partido político. Soy apolítico.
- Que orgullo, che- les dice Raúl.
Se ve que a los muchachos de Recoleta les recortan el sentido de la ironía al nacer. Debe ser como un bris para ellos.
- Venimos porque Germán quiere suspender el casamiento con Gretel. Suspender, no cancelar del todo. Y queríamos saber si hay algún perjuicio jurídico si uno hace eso.
- No- les dice Raúl.- Hasta que no estan casados no. Puede llegar a haber algún perjuicio económico, si pagaron salón, iglesia, vestido y demás yerbas.
- Si- dice Germán. - Está todo pago.
- Bueno, todo eso se pierde.
Germán lo mira a Alberto.
- Me van a matar. Toda mi familia y la familia de ella. Me tengo que casar igual.
- ¿Ella está embarazada?- le pregunta Raúl.
- No, creo que no.
- ¿Y entonces?
- Y entonces que ella y yo nos íbamos a casar y unos meses antes me entero que anda con Julián, que es conocido nuestro. Y ella llora, llora en su casa, grita en la casa de Karen y la Peco, y yo ya no sé que hacer.
- A mi sabés cuantos de mis noviecitos me han llorado al hombro- dice de repente Raúl. Alberto y Germán se quedan calladitos, mirándolo, porque se ve que hasta ahora ni se les pasó por la cabeza que semejante macho fuera homosexual.
- Todos te lloran al hombro después que te metieron los cuernos- sigue Raúl.- Son todas unas locas histéricas, les dije yo a cada uno. Que me dejen de joder. Algunos me siguen mandando mensajitos de texto a las tres de la mañana.
- ¿Y vos que hacés?- le pregunta Alberto.
- Yo sigo durmiendo- contesta Raúl.- A las cinco tengo que levantarme. Son imbancables.
- Yo pensé que los hombres eran menos complicados que las mujeres.
- Te equivocaste fiero, muchacho. Te equivocaste fiero- dice Raúl, y se ríe, y entonces yo pienso que a veces es mejor ser mujer.
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