jueves, 20 de marzo de 2014

La vida de Agustín Tosco. 7º parte.

Campora al Gobierno, Peron al poder. Se van, se van y nunca volverán, gritamos todos, grité incluso yo hasta que me quedé afónico. De lejos lo ví a Rucci. Nunca fuimos amigos con Rucci y sin embargo. Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo mismo que a Vandor, cantan todos. ¿Cuanto falta para que yo también sea un traidor, cuanto falta? ¿A cuanto estaré de ser un traidor? Me acerco a él, en un momento en que la multitud se calla y le miro los ojos. Está cansado. Me sonríe, increíblemente. Soy el cordero del sacrificio, me dice. Yo sabía que algún día me iban a cobrar lo de Ezeiza. Yo sabía. Me aprieta el brazo. Soy un servidor de la causa del General y por eso voy a morir. Me dice y yo trago saliva. Quizás a vos también te toque, Agustincito, me sigue diciendo, el que no carga un Fal ahora es fiambre. Algún día la juventud maravillosa va a llegar a la conclusión de que por tu culpa falló la fuga de Trelew y te van a marcar. Hablá con el Padre Múgica y escuchá lo que ahora dicen de él. Son fanáticos. Ya estoy resignado a morirme. Si no muero de fuego enemigo, voy a morir de fuego amigo. Burócratas dispuestos a robar para la corona es lo que sobra en este país. Me gané su odio y me lo gané en buena ley. Lo que va a venir después va a ser peor, los empresarios y los estancieritos ya se están relamiendo. No van a dejar ni semilla. Chau, me dice Rucci. Se van, se van y nunca volverán, grita la multitud y yo ya no grito, ya me quedé afónico, ya empiezo a dejar de gritar y empezar a pensar.

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