A Rafael Bielsa, poeta rosarino y ocasional abogado.
No me gustan las despedidas. No me gustan las vacaciones. Odio los entierros y esa costumbre argentina
que es el velorio, que en general consiste en llorar al padre del vecino, al que uno no conoce muy bien y decirle cosas de circunstancias como "La vida continua" o "Estaba igualito en el cajón, entre todos hicimos una vaquita y compramos una corona en la calle Córdoba". Lo terrible de la muerte es que a la gente no se la ve más, no tanto su muerte física. Juan Gelman fue el gran poeta nacional desde hace años, más allá de discrepancias ideológicas (hay que leer las hermosas columnas de Ceferino Reato en el diario Perfil, donde entre otras cosas ha dicho que están exagerando con eso de los desaparecidos, son ocho mil y no treinta mil). Habría que decirle al muchacho que un solo desaparecido es ya un escándalo de la ética, de la crueldad. Que si quiere dedicarse a las matemáticas, vaya al programa de Paenza. Utilizé con mucha sencillez para uno de mis cuentos uno de sus poemas mas hermosos (pero todos sus poemas son hermosos) de epígrafe para uno de mis cuentos. Más que su vida interesante, que parece marcada por la eterna maldición china, valoro su figura: la de un hombre que incluso en la peor de las oscuridades no se quiebra y sigue creyendo en la voz, en la poesía, en la música de los violines, en la vida en general. Si hubiera tenido alguna vez a Gelman adelante, hubieramos disentido un montón en cuestiones políticas. Pero el perdió a un hijo y a una nuera y yo no y entonces la discusión hubiera sido inútil, como la es la de Hebe y Estela de Carlotto, o la de Verbitsky con Caparrós. Las generación de mis padres perdió amigos, hijos, hermanos, primos, cuñados. Nosotros perdimos padres y madres. Somos un generación huérfana. Todos nosotros somos hijos de desaparecidos. Podemos recuperar la memoria de nuestros padres, pero a ellos no los recuperaremos. Son (como bien definió un dictador) algo en el aire, en el agua, en la tierra. Son nada, en realidad. Son solamente nuestro pasado.
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